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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

"Mi marido es un hombre de tres veces cada noche" -declaró doña Clorilia en la merienda de los viernes. Una de las presentes exclamó con admiración (y envidia): "¿Cada noche te hace el amor tres veces?". "No -aclaró ella-. Cada noche se levanta tres veces a hacer pipí"... Le preguntó Simpliciano a Pirulina: "Si nos casamos ¿podremos vivir con mis ingresos?". Respondió ella: "Yo sí. Pero tú ¿de qué vas a vivir?"... El matrimonio es una gran institución. Te enseña a tener tolerancia, comprensión, paciencia, capacidad de perdonar y otras cualidades que no necesitarías si no estuvieras casado... Astatrasio Garrajarra, ebrio con su itinerario, llegó a su domicilio en competente estado de ebriedad. Le dijo su señora: "Quiero que me contestes de inmediato. ¿Por qué vienes borracho?". Respondió con tartajosa voz el temulento: "De inmediato"... Doña Generina era mujer muy de su casa. Tenía ya 10 hijos, y a pesar de los consejos de su ginecólogo, el doctor Wetnose, salió embarazada una vez más. El facultativo la amonestó: "¿No le dije que su marido debía usar condones?". "Y los usa doctor -aseguró ella-. ¡Yo misma se los tejo!"... No habrá nadie en el mundo que sonría cuando paga sus impuestos. El nombre mismo lo dice: impuestos. Son una imposición, y no hay quien guste de las imposiciones. Muchos ciudadanos han ido a la cárcel por no cumplir con ellos aun con causa justificada. Henry David Thoreau, el celebrado autor de "Walden", sufrió pena de prisión porque dejó de pagar sus impuestos aduciendo que iban a servir para comprar armas con las cuales los Estados Unidos harían una guerra injusta a cierto país llamado México. Duele más un golpe en el bolsillo que uno en los dídimos o compañones. En nuestro país eso de pagar los impuestos es particularmente doloroso porque sabemos que una buena parte de ellos servirán para mantener a la infinita y voraz casta política que padecemos, con esa cáfila de partidos, partiditos, partidillos y partidejos cuyos dueños -prósperos empresarios- se las arreglan para mantenerlos con vida a base de inmorales arreglos por los cuales los sacan a subasta en cada proceso electoral, y los venden al mejor postor. En otros países los impuestos se traducen en obras de beneficio a la comunidad. En el nuestro van a dar a los bolsillos de políticos pancistas que nada bueno aportan a la vida nacional, y que viven como magnates sin más quehacer que el de ir todos los días a desayunar o a comer con otros como ellos. (También eso lo pagan nuestros impuestos). México no será un país moderno mientras no se libere de esa mala ralea de politicastros. (¡Bófonos!)... Doña Panoplia de Altopedo, dama de prosapia ilustre, le contó a su mamá que se había sometido a una dieta rigurosa consistente en comer sólo ajos y frijoles. Preguntó la señora: "Y ¿perdiste kilos?". "Sí -contestó doña Panoplia-. Y también perdí mi sitio en sociedad"... Un sujeto llegó con cara larga a la consulta del doctor Duerf, reconocido terapeuta sexual. Le dijo: "Doctor: no tengo suerte con las damas, doctor. A mis 40 años soy un fracaso en materia sexual. ¿Qué hago?". Después de interrogarlo brevemente el especialista dictaminó: "Tiene usted muy baja la autoestima, de ahí su falta de éxito con las mujeres. A fin de remediar eso póngase todos los días frente al espejo y repita varias veces: 'Soy un hombre atractivo. Soy un hombre atractivo'. Diga eso con verdadera convicción, y ya verá que en poco tiempo triunfará usted en sus tratos con el sexo opuesto". El hombre prometió seguir la recomendación, pero volvió un par de meses después. Traía la cara más larga aun que en la ocasión pasada. "¿Qué sucede? -le preguntó el facultativo-. ¿No funcionó el procedimiento que le recomendé?". "Funcionó perfectamente, doctor -respondió el tipo-. En estas semanas he gozado una vida sexual intensa con toda clase de mujeres: morenas, rubias, pelirrojas; solteras, casadas, viudas y divorciadas; jóvenes y maduras. Un paraíso de placer". "Y entonces -inquirió el terapeuta- ¿por qué viene otra vez conmigo?". Respondió el sujeto: "Necesito que me aconseje qué debo hacer ahora con mi esposa"... FIN.

Mirador

¿Recuerdas, Terry, amado perro mío, la vez que me hiciste ir al granero?

Llegaste de repente y me jalaste por la pernera del pantalón para indicarme que debía seguirte. Te seguí; me llevaste a la bodega del maíz y me mostraste una camada de gatitos recién nacidos que maullaban débilmente por el hambre. Yo supuse que su madre los alimentaría, y quise irme, pero tú me lo impediste: te ponías frente a mí como para evitar que me alejara.

En eso llegó doña Rosa y me contó que su gata había caído en una trampa para coyotes y había muerto. Nos llevamos los gatitos a su casa. Ella los puso en una caja de cartón forrada con papel periódico y los alimentó con un trapito que mojaba en leche.

Tú los salvaste de la muerte, Terry, igual que muchas veces me salvaste a mí de la soledad, que es otra forma de la muerte. El día que esos gatos vayan al Cielo -también los gatos van al Cielo-, seguramente lo primero que harán será buscarte para darte las gracias. Yo haré lo mismo, Terry, cuando me llegue el día.

Espérame.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Aumenta la criminalidad en la Ciudad de México..."

Eso realmente me apura.

La cosa se ve muy mal.

¡Y ya era la Capital

la única ciudad segura!

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