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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La linda muchacha le dijo al médico: "Mi marido y yo tenemos ya tres meses de casados y todavía no me ha hecho el amor". El facultativo habló con el esposo y descubrió asombrado que el tontiloco no sabía nada de la vida. Decidió aplicarle un tratamiento radical, y en su presencia le hizo el amor a la chica. Le dijo al joven: "Esto es lo que necesita su esposa. Y lo necesita todos los días". "Va a estar difícil -respondió el pasmarote-. Sólo la puedo traer los martes y los jueves". Una de las mayores desazones que la edad madura trae consigo consiste en ver caer una tras otra las teorías que habías diseñado para normar tu vida. Yo, por ejemplo, tenía cuatro teorías para educar a los hijos. Después tuve cuatro hijos y ninguna teoría. La vida se ríe de las lucubraciones teóricas, y se carcajea de los planes que con base en ellas formulamos. La mejor manera de liquidar una teoría es llevarla a la práctica. Se ve entonces que la mayor parte de las teorías son construcciones racionales que acaban por no tener razón. Pero advierto que no estoy diciendo nada. Procuraré decir nada de otra manera. Diseñé una teoría según la cual los mexicanos vivimos bien al interior de nuestras casas, y mal al exterior de ellas; vale decir que tenemos una vida familiar fincada en valores y tradiciones firmes, en tanto que nuestra vida pública está afectada por graves vicios y tremendas lacras. Los norteamericanos, en cambio, en los términos de mi teoría, fallan en lo relativo a la familia, pero en lo público tienen virtudes que han hecho grande y próspero a su país. Tan orgulloso estaba yo de esa tesis que la presenté en varios foros internacionales, y fue unánimemente aceptada porque nadie la entendió. Ahora estoy empezando a dudar de mi teoría, y vaya que es una de las pocas que me quedan. Sucede que la pobreza no es una base sólida para construir un hogar, y más de la mitad de los mexicanos viven en condiciones de pobreza extrema. Quizá mi tesis sea aplicable a la bonachona clase media, pero no funcionará si se extiende a lo que antes -no sé si todavía- se llamaba "el proletariado". Aunque sabemos que México es un país pobre seguimos cerrando los ojos a esa pobreza, hasta que un día los pobres nos obliguen a volver los ojos hacia ellos. Y eso, créanme, no sucederá en forma pacífica. Entonces será el llanto y el crujir de dientes. (A los que ya no tengan dientes se les proporcionarán dentaduras en forma gratuita, para que no se queden sin crujir). Un borracho se iba arrastrando por los durmientes de una vía del ferrocarril. Decía: "¡Maldita escalera! ¡No acaba uno nunca de subirla!". Don Ultimiano estaba en el lecho de agonía. Le dijo a su mujer: "Ahora que me vaya quiero que te cases con Camelino Patané". "¿Camelino Patané? -se sorprendió ella-. Pensé que odiabas a Camelino Patané". Replica don Ultimiano: "Precisamente". El señor obispo fue a jugar golf, y llevó a una monjita para que le sirviera de caddie. Hizo Su Excelencia el primer tiro, y abanicó el aire. Exclamó con enojo: "¡Tiznada madre! ¡Fallé el tiro!". "Monseñor -se azaró la religiosa-. No maldiga usted así. Podría caerle un rayo". "Perdone, reverenda madre" -se disculpó el jerarca. Hizo de nuevo el tiro. La pelota describió una curva y fue a caer al rough. "¡Tiznada madre! -volvió a proferir el dignatario-. ¡Fallé el tiro!". "Su Excelencia -volvió a turbarse la monjita-, le ruego que no diga esas palabras. El Señor podría irritarse con usted y fulminarlo con un rayo del cielo". "Perdóneme, madre -repitió el obispo-. Es que esto del golf no es juego: es tortura". Hizo un nuevo tiro y la pelotita cayó en una trampa de arena. "¡Tiznada madre! -exclamó de nueva cuenta el eclesiástico-. ¡Fallé el tiro!". En eso se abrieron las nubes, y de ellas salió un terrible rayo que fue a caerle ¡a la monjita! Se escuchó una majestuosa voz venida de lo alto: "¡Tiznada madre! ¡Fallé el tiro!". Don Abraham, dueño de la tienda del pueblo, tenía un hijo que iba a contraer matrimonio. "Ahora que te cases -le dijo- usa lo más posible este dedo. Eso le gustará a tu esposa". Y le mostró el dedo de en medio. "¿Ese dedo? -se sorprendió el muchacho-. ¿Para qué?". Le explicó don Abraham: "Es el que se usa para marcar las ventas en la caja registradora. Mientras más lo uses, mejor podrás mantener a tu mujer". FIN.

Mirador

"Teobroma" es una palabra muy fea.

"Teobroma" es una palabra muy bonita.

Significa en griego algo así como alimento de Dios, o de los dioses.

Es el nombre que los europeos dieron al cacao, vale decir al chocolate.

Alimento divino es, en efecto, esa riquísima bebida, ornato y gala de la cocina mexicana, regalo que México hizo al mundo.

En estos días de niebla y lluvia -¡lluvia y niebla en junio!- lo bebo por la tarde en la cocina del Potrero, y soy feliz.

La felicidad, cosa muy grande, está hecha de cosas muy pequeñas. En este momento mi felicidad es una taza de chocolate. Me olvido de aquella palabra "teobroma", tan fea, tan bonita, pues no hay palabras que expliquen la felicidad, y cierro los ojos a fin de paladear mejor esta sabrosura.

Por favor, no me distraigan.

Me estoy bebiendo a Dios a tragos lentos.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Nuevo gobernador en Michoacán..."

Gobernará en el temor,

sin esperanza y sin fe.

Rifa del tigre fue

la que se sacó el señor.

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