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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Llegó Pepito de la escuela. Su mamá estaba en la cocina preparando la comida. Le preguntó: "¿Qué estás haciendo?". Contestó la señora: "Rajas". Prometió Pepito: "No rajo. Dime qué estás haciendo"... Un sombrío sujeto llamó a la puerta de don Chinguetas. "Soy su nuevo vecino -le dijo-, y tengo la habilidad de adivinar el porvenir. Su perro estuvo ladrando ayer toda la noche. Ése es anuncio de muerte, y vengo a decirle quién morirá". "¿Quién? -se sobresaltó don Chinguetas. Contestó el tipo, amenazante: "Su perro, si otra vez vuelve a ladrar"... Un granjero llevó a su hijo a la feria de ganado. El niño vio cómo su padre palpaba las ubres de las vacas que le ofrecían en venta. "¿Por qué haces eso?" -le preguntó, intrigado. Explicó el granjero: "Es lo que hace un buen comprador". Al oír eso el pequeño se angustió: "¿Entonces el vecino va a comprar a mi mamá?"... Cuatrociénegas, en mi natal Coahuila, es un lugar único en el planeta. Sus pozas, cuyas aguas son de un verde azul indescriptible -o de un azul verde inefable-, albergan especies que maravillan a los naturalistas. Pues bien: ese sitio prodigioso está amenazado por la ambición de un reducido número de negociantes que con tal de llevarse al bolsillo unos pesos más no dudan en poner en riesgo una reserva natural perteneciente a toda la humanidad. El agua que alimenta esas pozas es desviada para regar sembradíos de alfalfa que benefician a una empresa al tiempo que dañan un patrimonio universal. Las autoridades, tanto federales como locales, encargadas del manejo del agua y de la protección del medio ambiente deben intervenir urgentemente a efecto de que no se ponga en peligro esa zona de Cuatrociénegas, tesoro de Coahuila, de México y del mundo... Himenia Camafría y Celiberia Sinvarón, maduras señoritas solteras, hicieron una visita a la galería de arte. En la sección de esculturas vieron una bella colección de estatuas griegas de jóvenes atletas desnudos cuya pudenda parte se cubría con una hoja de árbol. En voz baja le sugirió Himenia a su amiguita Celiberia: "Regresemos en otoño"... Toninita, muchacha bastante entrada en carnes -por todas partes se le salían-, pidió un helado en la cafetería. "Lo quiero triple -le dijo al encargado-, de fresa, vainilla y chocolate". Le preguntó el empleado: "¿Le pongo a su helado crema o mermelada?". "Póngale unas rebanadas de pepino -respondió Toninita-. Estoy a dieta"... Un diseñador de bikinis está teniendo problemas: en su nuevo modelo no cabe la etiqueta con la marca... Babalucas les sugirió a los estableros: "Crucen vacas con caballos. Así tendrán leche que se entregue sola"... El paciente le preguntó a la enfermera, que veía el termómetro: "¿Tengo fiebre?". "Y muy alta -respondió ella, preocupada -. Estoy leyendo aquí: 'Continúa en el próximo termómetro'"... La linda chica le reclamó en el bar a Libidiano: "Me está usted desvistiendo con la mirada". Contestó el salaz individuo: "Por algo se empieza"... Uglilia era más fea que un coche por abajo. Cierta noche sorprendió a un ladrón en el interior de su casa. Le apuntó con una pistola y le dijo que si no le hacía el amor llamaría a la policía. El caco miró a Uglilia: tenía cabellos crespos, un lobanillo en la nariz, los dientes negros, y en el cachete un gran lunar piloso. Suspiró el ratero y le dijo a Uglilia: "Dígame cuál es el número. Yo mismo llamaré a la policía"... Un tipo le contó a otro: "Por fin anoche mi novia me dio el sí". "¡Felicidades! -se alegró el amigo-. ¿Cuándo es la boda?". Dijo el tipo: "¿Quién está hablando de matrimonio?"... Comentaba un playboy: "Jamás hago el amor si tengo algo mejor que hacer. El problema es que no hay nada mejor que hacer"... Una víbora acudió a la consulta del doctor Lucío, oftalmólogo de fama, y le pidió que la examinara, pues no veía bien. Después del correspondiente examen el facultativo le prescribió lentes al ofidio. Días después la víbora regresó al consultorio. Se le veía triste, deprimida. Le preguntó el doctor Lucío: "¿Tiene problema con los anteojos?". "No, doctor -contestó el reptil-. Pero cuando me los puse me di cuenta de que durante dos años le he estado haciendo el amor a una manguera"... FIN.

Mirador

Es clara y honda la noche en el Potrero de Ábrego; parece un mar de aguas oscuras en el cielo.

Crepita la fogata. A su lado bebemos en silencio nuestro mezcal. De pronto llegan por el viento aullidos de coyote. Los perros se ponen en pie, nerviosos; atisban la sombra y gruñen quedamente. Don Abundio arregla los pliegues del jorongo en que se envuelve y rompe a hablar como si también él crepitara.

-La gente no sabe que el coyote es muy agradecido. Una vez puse una trampa . Cuando fui a revisarla había caído una coyota. Me dio lástima porque a su lado tenía dos coyotitos. Ella se me quedó mirando con ojos de mujer. ¿Quién resiste una mirada de mujer? Levanté el fierro que le cogía la pata. La coyota se fue cojeando despacito; volteaba y me movía la cola. Un mes después iba yo por la loma y sentí un ruido. Era la coyota. Traía en el hocico una gallina golona. Vino como una perra mansa y me la puso a los pies, como regalo.

Calla don Abundio. Callamos todos. Y es que no se le puede creer a don Abundio. Campesino viejo, cuando cuenta mentiras parece que está diciendo la verdad, y cuando dice la verdad parece que está contando una mentira.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Pelean a puñetazos diputados rusos..."

Dirán ciertas voces críticas,

quizá a la chita callando,

que ya estamos exportando

nuestras costumbres políticas.

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