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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La maestra reprendió a Pepito: "¿Por qué le diste a Juanito una patada en el estómago?". "Fue un error, maestra -reconoció el chiquillo-. La verdad es que apunté más abajo"... Un feroz criminal fue ejecutado en la silla eléctrica. Llegó al infierno y Satanás le dijo: "Voy a buscar tu expediente. Mientras tanto puedes sentarte". "Gracias -declinó el individuo-. Vengo de estar sentado"... El herrero Gago era tartamudo. Tomó un gran mazo y le ordenó a su nuevo ayudante: "Po-pon en el yu-yunque la pipí". "¡Óigame no!" -se alarmó el mocetón. El forjador estalló: "¡La pi-pi-eza de me-metal, pen-pen-dejo!"... Un viejecito llegó a la consulta del doctor Ken Hosanna. Traía un pie hinchado. "¿Qué le sucedió?" -preguntó el facultativo. "Déjeme contarle, doctor -dijo el anciano-. Hace 50 años me perdí en un bosque. Después de mucho andar llegué a una casa. Le pedí a su dueño que me dejaran pasar ahí la noche". El doctor Hosanna lo interrumpió, impaciente: " ¿Qué tiene que ver eso con su pie?". "Aguarde un poco -respondió el viejito-. Cuando ya todos dormían entró en mi cuarto la hermosa hija del señor y me preguntó si quería algo. Le dije que no. Media hora después regresó cubierta sólo con un vaporoso negligé y volvió a preguntarme si quería yo algo. Respondí que no, y se fue. Una hora después se presentó de nuevo, ahora sin nada de ropa encima, y me preguntó una vez más si no quería yo nada. Repetí que no. Ella se fue y ya no regresó". Irritado por aquel largo relato el doctor Hosanna le dijo: "Vuelvo a preguntarle: ¿qué tiene qué ver todo eso con su pie?". Respondió el ancianito: 2Hoy se me prendió el foco de repente y entendí lo que quería la muchacha. Me dio tanta rabia no haberlo entendido aquella noche que de coraje le di una patada a la pared"... Murió un mexicano y fue a dar a los infiernos. Digo "a los infiernos", y no "al infierno", porque había varios infiernos de diferentes nacionalidades: un infierno inglés, uno alemán, otro italiano; un infierno francés, uno norteamericano, etcétera. Había también, claro, un infierno mexicano. A nuestro paisano le llamó la atención ver que mientras todos los infierno se veían vacíos y desolados el infierno de México estaba lleno a su máxima capacidad, y una clientela ansiosa se aglomeraba ante su puerta pidiendo con desesperación entrar. El mexicano preguntó a qué se debía eso. Le explicó alguien: "Es que el infierno mexicano nunca está prendido. O no tienen leña, o se les acabó el carbón. Las calderas están siempre descompuestas. Los diablos rara vez trabajan, pues se la pasan en huelgas, paros, bloqueos y manifestaciones. De vez en cuando, por casualidad, consiguen leña, hay carbón, arreglan las calderas, van los diablos a trabajar y por fin encienden el infierno. Entonces le das 100 pesos a cualquier diablo y te lo apaga". Ese cuentecillo es tachado de apócrifo por algunos críticos, pero yo lo creo verdadero. Ilustra con meridiana claridad un vicio que parece consustancial a nuestra vida pública: la corrupción. "No le pido a Dios que me dé; nomás que me ponga donde hay". La conocida frase parece ser el lema, divisa o mote de muchos que dicen servir y que en verdad se sirven. Los que están afuera dicen con resignación que roza el cinismo: "Que roben, pero que hagan". Los de adentro proponen con realismo práctico: "Que se bañen, pero que salpiquen". Y entre el conformismo de los de afuera y la complicidad de los de adentro el país se pudre en miasmas deletéreos. (Permítanme un momentito, por favor. Voy a anotar eso de "mismas deletéreos" por si alguna vez se me ofrece insultar a alguien: "Eres un miasma deletéreo"). Lo dicho: México no será un estado de derecho mientras siga viviendo en estado de corrupción. (Eso no lo voy a anotar). La noche de bodas la desposada le pidió a su flamante marido que la esperara un momentito. Procedió entonces a ponerse en la cara una crema; en los brazos otra; más crema en los hombros; en el busto una crema más; en la cintura un aceite; en los muslos otra crema y en las piernas otra crema. "Ahora sí, mi cielo -autorizó la muchacha tendiéndose en el lecho con actitud voluptuosa-. Ven a mí". Él preguntó, inquieto: "¿No me iré a resbalar?"... FIN.

Mirador

Jean Cusset, ateo con excepción de las veces que se siente solo, dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y continuó:

-Tengo en mi biblioteca los más extraños libros. El otro día tomé uno al azar, y también al azar abrí sus páginas. Leí esto: "... Para el bautismo debe emplearse agua natural. Hay duda acerca de si puede bautizarse con café, té, cerveza o lejía. De plano no se puede bautizar con saliva, leche, sangre o lágrimas...''.

-El libro -siguió diciendo Jean Cusset- se llama "Moral Médica en los Sacramentos de la Iglesia''. Lo escribió el doctor Luis Alonso Muñoyerro, español. El autor se ocupa también de lo que llama "el bautismo de los monstruos'', es decir, de los hermanos siameses o seres similares. "Si son dos cabezas y dos pechos habrá que bautizar cada cabeza. Si son dos cabezas y un pecho, se bautizará una cabeza absolutamente, y la otra diciendo estas palabras: 'Si eres otro hombre, etc. Si son una cabeza y dos pechos, se debe bautizar la cabeza incondicionalmente, y luego cada uno de los pechos diciendo: 'Si no estás bautizado...''.

-¡Qué absurdas nos parecen esas sutilezas ritualistas! -dijo Jean Cusset-. Hay un hermoso rito, sin embargo, que es muy sencillo: hacer el bien; amar a nuestro prójimo y demostrarle con actos buenos nuestro amor. He ahí el mejor bautismo que podemos dar, y el mejor que podemos recibir.¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Desciende el consumo de cigarrillos..."

Según evidencias fuertes

que en todas partes se ven,

va descendiendo también

la estadística de muertes.

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