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* A qué va Cárdenas a PRD y a qué costo * PRD cumplió su ciclo con saldo negativo

INDICADOR POLÍTICO

La tardanza en resolver el enigma Cuauhtémoc Cárdenas en el PRD está generando más preocupaciones que soluciones. El acuerdo con Los Chuchos no pasa por Carlos Navarrete. Y si se trataba de evitar fugas al lopezobradorismo, al final el tabasqueño podría salir ganando con los conflictos en el perredismo.

Cárdenas fundó el PRD en 1989 con el registro legal del Partido Mexicano Socialista --antes Partido Socialista Unificado de México y antes Partido Comunista Mexicano--, pero lo hizo con el grupo dominante de expriistas de la Corriente Democrática que fue derrotada en 1985-1988. De 1989 a 1999, el partido fue dirigido por la cultura priísta del propio Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y López Obrador.

Al perder sus referentes de izquierda socialista que venían del PCM, el PRD quedó atrapado en el maniobrerismo priísta que derivó en el tribalismo que fragmentó a la organización. Los dirigentes del partido se dedicaron a administrar los conflictos sin plantear la reorganización del partido después de la recuperación electoral del PRI en 1991 y 1994.

Y si Cárdenas fue el gran impulsor de la democratización en los ochenta, la alternancia partidista en la presidencia fue para el PAN, un partido conservador y poco comprometido con la democracia. En el 2000 el PRD había mostrado su lado dominador en el DF y por eso los votos se fueron a otro lado.

La posibilidad de que Cárdenas sea el presidente del PRD tiene varios lados complicados:

1.- Efectos. La precandidatura de Cárdenas y los mensajes de que un día dice que no y otro que sí al final han causado más problemas que posibilidades de solución. La decisión de Carlos Navarrete de ir a elecciones contra Cárdenas es democrática por la competencia pero su resultado será desastroso porque fragmentará la fortaleza de Los Chuchos.

2.- Qué va a mover. Aún sin decidirse, ya la precandidatura de Cárdenas dividió a Los Chuchos, fortaleció a otras tribus y ayudó a López Obrador. Hasta ahora no hay certezas de que Cárdenas vaya a impedir el éxodo de perredistas al lopezobradorismo. La exigencia de Cárdenas de carteras en el comité y de candidaturas plurinominales para su grupo también provocó molestias en el perredismo porque disminuyó los espacios de poder.

3.- ¿Qué debería Cárdenas en el PRD? Reorganizar al partido y quizá hasta refundarlo, darle un nuevo programa político e ideológico, redefinir el proyecto cardenista de nación, consolidar al partido en un especio verdadero de la izquierda y ya no del priismo progresista.

Los escenarios de corto plazo del PRD van a entrar en una zona de tensiones en el 2015 por la elección de diputados federales y locales en el DF y de jefes delegacionales. Pero el problema más serio de Cárdenas será llegar a un entendimiento formal con el jefe de Gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera, quien se ha negado a afiliarse al PRD pero por razones de la cultura priísta del perredismo controla directamente al perredismo capitalino.

La expectativa de perder diputaciones federales y locales y algunas jefaturas delegaciones sería un indicio más del colapso del PRD como parte de las estructuras de gobierno que paradójicamente inauguró con un carro completo Cárdenas en 1997 y que la desorganización del partido y las tribus han ido quemando como capital político.

El problema de Cárdenas, si llega a la presidencia nacional del PRD, se localizará en las dificultades para conducir el proceso electoral perredista en el DF, pues Mancera ya ha dejado claro que se trata de un territorio propio. Sólo que hasta ahora Mancera carece de cuadros políticos nuevos o más ciudadanos para propiciar una sustitución de liderazgos perredistas desgastados y carcomidos por la corrupción. A ello se agrega el hecho de que en el DF existen cundo menos cinco liderazgos dominantes sin posibilidad de algún acuerdo cupular.

A todo ello se agrega el ambiente político en el perredismo nacional y el capitalino por la muy adelantada candidatura presidencial perredista del 2018 que ya se jalonean López Obrador y Marcelo Ebrard y a la cual aún no se descarta el propio Mancera y que pronto se volcaría sobre Cárdenas como el principal problema aún por encima de la reorganización del partido.

Más que Cárdenas, el PRD debería enfocar su crisis en función de su estructura como partido y su disfuncionalidad en cuanto a organización tribal. El propio Cárdenas estaría obligado a fijar su oferta de trabajo antes de oficializarla y en ella asentar un diagnóstico crudo y realista de la crisis de viabilidad del PRD. Si Cárdenas llega a la presidencia por la vía de un acuerdo con Los Chuchos y el sacrificio de Navarrete, su arranque estará contaminado de los viejos vicios que debieran ser el principal desafío de la nueva presidencia de Cárdenas.

Pero como se ven las cosas, el relevo en la dirección del PRD será tradicionalista, muy al estilo priísta y con el lastre de reparto anticipado de posiciones de poder. De ser así, el PRD estaría destinado a un grave colapso en las elecciones legislativas capitalinas de 2015, a la pérdida de las posiciones en Guerrero, Morelos y Tabasco y al gran fiasco en el 2018.

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