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* Barros: ¿nuevo mesías? * Noticortas...

AMANECER DEPORTIVO

De fiesta parece estar ahora sí la afición beisbolera porteña, que ya digirió la penosa, por no decir desastrosa, temporada de Venados en la más reciente edición de la Mex Pac.

La llegada de un viejo conocido al timón rojo ha renovado -eso parece- soñadoras expectativas en quienes aún se aferran a creer en el otrora "equipo de la década", tan devaluado (como la DMD) y desaseado en tiempos de dos hombres que hicieron del mutis importamadrista un distintivo con color marismeño: Martínez y Cruz.

Ahora que Ismael Barros, traído de una alta dirección de Grupo Modelo a la alicaída nave roja, viene a abrigar en los aficionados lo que ellos siempre quisieran tener (un equipo competitivo, exitoso), Venados -dicen los que saben- puede tener, al menos, otro rostro.

Su nombramiento, gestado al más alto nivel hace dos meses, terminó por oficializarse el viernes pasado, tras la asamblea anual. Un enjambre de reporteros -algunos, incluso, ajenos a la fuente deportiva y más a la beisbolera- le ofreció una apoteósica recepción como la que, por cierto, disfrutó en Lunes de Carnaval aquí el diestro navarro -ahora sin suerte- Pablo Hermoso de Mendoza.

Dicen los que fueron que un Barros afable, llano y desprendido habló de lo que quiso y respondió de lo que quiso, a juzgar, insisto por quienes allí estuvieron.

Ante el aluvión de medios que terminó por arengar comentarios y dejar, con sus honrosas excepciones, los cuestionamientos para mejor ocasión, el nuevo "mesías" rojo adelantó que, sin importar cuán malos estén los números, se comportaría con la misma apertura y cordialidad de siempre, contrastante con los que se fueron y dejaron un lastre de triste herencia.

Y aunque aclaró que nunca ha habido ni habrá "chequera abierta" (supongo que lo dijo en el contexto que la afición suplica más inversión para traer a jugadores de peso o renombre), Barros pareció dejarse querer cuando reveló parte de sus fórmulas en ruta hacia la reinvindicación de un cuadro que llegó a perder identidad.

A un costado suyo, por cierto, se encontraba la directora del deporte local, Mónica Coppel, quien, ajena a cualquier menester beisbolero, pifió cuando alguien en corto le preguntó cómo iba la negociación entre el consorcio y el gobierno estatal sobre el nuevo estadio del "equipo de la década", y no supo. Inevitable fue el out.

Barros, pues, llegó a la primera almohadilla. Mucho camino, sin embargo, falta por recorrer y mucho por saber de qué pie cojeará.

Y si los jilgueros rojos ya hacen fanfarrias, yo me quedo quieto. Ja.

Noticortas. Por rumbos (de la burocratizada) DMD, nadie parece inmutarse cuando se les pregunta qué pasará con el proyecto tantas veces pregonado sobre el cambio que, presumiblemente, experimentaría la oficina en su razón social a Instituto.

"¡Prefiero no hablar!", me dice alguien. ¿Lapidarias sus palabras?... Contra lo que parecía mostrar en las primeras semanas de su encargo, Paúl Bernal volverá a encontrarse con la prensa deportiva y, en una reunión programada mañana, destapará los nombres de sus colaboradores. Veremos si, como la vez pasada, vuelve a ir Esperanza Kasuga, quien renunció, pero sigue moviendo todos los hilos.