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* Bundy perdió el juego * Más de los futboleros

EL PUNTO ES...

Antes que todo, ¡muy buenos días!

Sin conocer el resultado de anoche, la derrota que sufrió Mayos el viernes fue devastadora. Y mucho tuvo que ver en ella Lorenzo Bundy.

El manager norteamericano, quien es calificado por muchos como uno de los mejores -incluso ya enfada el trillado discurso de la experiencia y capacidad que tiene para dirigir en play off-, perdió ese partido por su pésimo manejo del pitcheo. O mejor dicho, por aferrarse a esas fórmulas dizque muy efectivas que todo estratega utiliza en la pelota profesional.

Bundy sacó a Salvador Robles pese a que sumaba apenas arriba de 70 lanzamientos después de siete sólidos y muy dominantes innings de trabajo. A la distancia, me pareció que el zurdo tenía aún mucho combustible y -ni duda cabe- un mundo de confianza.

Con su amplio repertorio mareó a la poderosa artillera naranjera, pero en la octava entrada Bundy decidió que era momento de utilizar a su "preparador", en este caso el inconsistente Zech Zinicola, para luego dar paso -lo que no sucedió finalmente- al "cerrador", José Manuel López.

Sin embargo, Zinicola y otros tres serpentineros fueron incapaces de aguantar una ventaja de 5-0 y terminaron por tirar al caño la joya que había cincelado Robles.

¿Terquedad? Como ya lo comenté, lo que hizo Bundy es costumbre en todos los managers.

Aunque no haya pruebas fehacientes, aunque se sepa que el beisbol nunca tiene desenlaces cantados, aunque un pítcher esté 'echando tiros', los pilotos siempre acuden a la gastada estrategia de usar relevos situacionales, preparadores y taponeros. Y nada garantiza el éxito. La lógica, desde mi punto de vista, es actuar conforme se vea al pítcher abridor en dominio, comando y número de disparos, y olvidarse de esa jorobada manía de utilizar en exceso al bullpen.

Si Bundy hubiera procedido así, quizá hoy estaría más cerca de la corona.

Y por cierto. Con la grilla futbolera a tope, habría que preguntar a los entrenadores, promotores y demás personajes "formadores de talentos" sobre los resultados que tuvo Mazatlán en la Olimpiada Estatal.

Fue una vergüenza lo que pasó en Culiacán con las cuatro selecciones que acudieron. Un mísero bronce se cosechó pese a que siempre nos hemos jactado de ser potencia en el estado.

El padrón no oficializado de promotores y entrenadores en Mazatlán es exagerado. Hay muchos y de toda clase. Buenos y malos. Jóvenes y viejos. Innovadores y comodinos. Y entre tantos no fueron capaces de armar equipos competitivos que igualaran o superaran lo hecho el año anterior.

Para pedir son buenos. Para vociferar también. ¿Y para trabajar? Los resultados indican que no.

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