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* Colosio: reabrir caso o divertimento * Demagogia barata de viudas e hijos

INDICADOR POLÍTICO

Cuando estaba en sus últimos días pero con lucidez, Diana Laura Riojas viuda de Colosio recibió una recomendación de un miembro del primer círculo íntimo de poder de su marido: que le contara todo lo que sabía del crimen a alguna persona que pudiera ser el guardián de los secretos.

La señora Colosio no lo pensó mucho y declinó hacerlo, a pesar del sentido de la sugerencia: muertos los dos, la historia del asesinato entraría en una versión de mil voces. Al parecer, la decisión de la señora Colosio fue evitarles problemas políticos y de seguridad a sus hijos entonces menores de edad.

Desde entonces, el asesinato de Colosio es uno de los crímenes con mayor número de versiones vendibles, entre ellas ahora de las ya conocidas viudas de Colosio, aquellos políticos que perdieron a su jefe pero también quedaron al margen de las posiciones del sistema político.

Esas viudas esperaron el simbolismo de los primeros veinte años del asesinato para reciclar, con un convencimiento que eludieron en 1994, la tesis del crimen del poder, aunque sin aportar datos duros para fortalecer sus reflexiones. Pero entonces como ahora, los comportamientos de las viudas de Colosio carecerán de valor político real si no concluyen en cuando menos cinco iniciativas necesarias:

1.- Exigir la reapertura del expediente para insistir justamente en la versión del crimen político y del poder.

2.- Exigir que la nueva investigación asuma a Carlos Salinas de Gortari, ya sin titubeos ni miedos, como uno de los responsables directos del asesinato.

3.- Asumir como evidencias los datos políticos que poseen las viudas de Colosio sobre las presiones de Salinas para quitarle la candidatura al sonorense.

4.- Declarar directamente responsable del asesinato a Salinas de Gortari, también sin dudas ni miedos.

5.- Exigir que el PRI se convierte en la principal instancia política para una nueva investigación del asesinato de Colosio.

Fuera de estos temas, los demás son sólo divertimentos simbólicos para que las viudas de Colosio encuentren caminos de reinserción en el poder.

Por lo demás, la ofensiva mediática de las viudas de Colosio han aportado elementos analíticos para perfilar una imagen distorsionada de su jefe; timorato, miedoso, demagogo, resentido, sin ideas propias, grillo. De hacer caso a sus informaciones, Colosio sí iba a ser un títere de Salinas de Gortari.

Pero de ahí a mostrarlo como el gran reformador del poder existe un abismo inconmensurable de ignorancia política. El discurso de Colosio del 6 de marzo fue un posicionamiento personal frente a Salinas pero nada le dijo a la sociedad entonces más entusiasmada con la figura del subcomandante Marcos que con el PRI. Ese discurso no anunció el quiebre de modelo económico sino el regreso del viejo PRI, el de Fidel Velázquez y los caciques del poder, el del estatismo tipo echeverrista, el de la demagogia ante la pobreza social.

El viraje estaba por verse. Salinas de Gortari inventó a Colosio como su instrumento político para el modelo neoliberal: lo hizo jefe de su campaña presidencial en 1988, lo convirtió en cómplice del fraude, lo puso a dirigir el PRI para controlar a los sectores corporativos, lo usó para reformas del modelo ideológico de la Revolución Mexicana, lo colocó como eje del liberalismo social y luego lo hizo secretario de Desarrollo Social para validar los comités de solidaridad como sucedáneos de los seccionales del PRI.

O Colosio engañó a Salinas aceptando con sumisión el cargo de jefe del operativo político del neoliberalismo económico o se engañó a sí mismo suponiendo que como presidente iba a deshacer lo construido como salinista. Las quejas sentimentales de Colosio contra su jefe Salinas mostraron que careció de valentía política para asumir su autonomía relativa como candidato presidencial y que su presidencia estaría subordinada a los intereses de Salinas y el salinismo. En el fondo, Colosio padecía el peor defecto en un político: la lealtad. De ahí que Colosio, con todo y sus quejas el 6 de marzo, iba a someterse al mandato de Salinas como el Elías Calles del neoliberalismo.

Más que la efeméride, las viudas de Colosio tuvieron la obligación política y moral de aprovechar el veinte aniversario del asesinato para reabrir el caso y llevar a juicio a Carlos Salinas de Gortari. Pero no, todo fueron insinuaciones, sospechosismo, dardos sin veneno, sólo ganas de tener sus cinco minutos mediáticos. Pasada la euforia de los veinte años, Colosio ahora sí entrará en el olvido histórico y político definitivo.

La novedad este año fue la irrupción de los hijos de Colosio, Luis Donaldo y Mariana, pero ambos ya copados por las intenciones burocráticas de los amigos de su padre y contaminados con la verborreica del típico priista que disfraza con demagogia su falta de conocimiento político e histórico. Los textos de los dos en el libro en circulación hubieran decepcionado a su padre, aunque sin duda que pronto los veremos en cargos públicos.

Y tan a la sociedad mexicana le importó poco el asesinato de Colosio que en 1994 ganó el PRI y en el 2012 regresó a la presidencia como si en México no hubiera existido 1994.