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* Del PRI, la reforma política pendiente * Estado y desarrollo necesitan partido

INDICADOR POLÍTICO

Al margen de haber roto con la continuidad de la Revolución Mexicana como el gran consenso nacional, el gran defecto de la reorganización productiva de Carlos Salinas de Gortari fue la modernización productiva sin modernización política.

Se trató del mismo error de Mijail Gorbachov en su transición soviética: la reestructuración económica con la misma estructura política dominada por los militares, el Partido Comunista de la Unión Soviética y el gobierno monístico.

La reforma para el adelgazamiento del Estado, el tratado de comercio libre con los Estados Unidos y la colocación del mercado como el eje del desarrollo no cuajaron porque la estructura política del PRI fue la misma y esta se dedicó a atrincherarse en sus privilegios. El modelo fue distorsionado: salinastroika sin priisnot.

Salinas comenzó el proceso de reforma en febrero de 1990 con negociaciones secretas con los EU para el tratado comercial, apresuró sus reformas en el periodo 1990-1992 y en marzo de 1992 compareció ante el PRI para anunciar el fin del partido heredero de la Revolución Mexicana, excluir la Revolución Mexicana del discurso histórico de priismo y anunciar al "liberalismo social" como la nueva ideología de la modernización.

A lo largo del periodo 1989-1992, Salinas no sólo se apoyó en el PRI para hacer sus reformas, sino que lo utilizó para dos de ellas que serían las más conflictivas: la privatización del ejido y el reconocimiento a la iglesia. El fin del Estado priista y de la ideología priista tuvo como pista de despegue la reforma económica y productiva salinista. El proceso se coronó con la candidatura presidencial de Luis Donaldo Colosio, pero éste como candidato primero dejó entrever el abandono del neoliberalismo y el regreso al viejo modelo del PRI y luego se atravesó su asesinato. Ernesto Zedillo como candidato sustituto reencauzó el camino hacia el modelo neoliberal salinista.

Las reformas estructurales del gobierno del presidente Peña Nieto tendrán efectos estructurales en el modelo de desarrollo, pero también afectarán las relaciones sociales. Y no bastará que las relaciones sociales tengan que irse ajustando casi en automático al nuevo modelo productivo y su correlación de clases, sino que será necesario que ese modelo reformista de Peña Nieto tenga un nuevo partido político para dinamizar los impactos sociales y políticos de las propias reformas.

El presidente Peña Nieto evitó su presencia en el PRI en marzo de 2013 porque estaban por darse las reformas estructurales y no quiso enviar mensajes equivocados a la oposición, pero su asistencia hoy al aniversario del PRI tendrá un significado político: no sólo agradecer la funcionalidad del partido en la aprobación de las reformas ante el filibusterismo --obstruccionismo-- de la oposición, sino para explicar las repercusiones de las mismas reformas.

El presidente Peña Nieto podría anunciar hoy una reforma del PRI o cuando menos estaría en condiciones de llamar a una reorganización de fondo, pero habrá que atender su mensaje político porque podría salir una nueva directriz político-ideológica sobre el rumbo del país después de las reformas y el papel del partido en el poder, sobre todo ante la descomposición interna de los dos principales partidos de oposición, el PAN y el PRD, ambos en rumbo de fracturas internas inevitables.

La falta de reforma del PRI en 1992 condujo a la fractura de 1994, al asesinato del expresidente priista Colosio y a la Presidencia de Zedillo sobre la "sana distancia" con el partido. En el sexenio 1994-2000 hubo un divorcio PRI-presidente de la República sobre las bases de una consolidación de sectores corporativos del viejo PRI, luego la débil candidatura de Francisco Labastida sin el apoyo de Zedillo y la alternancia partidista en la presidencia de la república en el 2000.

El PRI tardó dos sexenios en reaglutinarse, pero las reformas del presidente Peña Nieto volvieron a colocarse como elementos de ruptura entre las corporaciones de cuotas de poder del viejo PRI y las nuevas generaciones que votaron sin chistar las reformas estructurales. Pero una cosa es el voto funcional a las aprobaciones y otra la urgencia de un reacomodo de los grupos corporativos al funcionamiento del sistema político reformado en su área económica.

De ahí la importancia de que el presidente Peña Nieto evite una reestructuración económica sin reforma total del PRI porque los viejos sectores orgánicos del partidos probablemente no revienten las reformas pero pueden no hacerlas funcionar con eficacia. La experiencia de las transiciones y reformas señala casi la ley política de que economía y política van juntas y que las reformas económica generan nuevas correlaciones de fuerzas sociales, productivas y de clase.

El discurso presidencial de hoy deberá leerse en función de indagar los tiempos políticos de la reforma estructural del PRI, y podrán percibirse indicios si los priistas entenderán el mensaje o esperarán a que todo cambie para que nada cambie.

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