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* El adiós de "Mr. Padre", Tony Gwynn

RUIDOS DEL DUGOUT

Hace tres años recuerdo haber visto por primera vez a Tony Gwynn con las huellas de la batalla más complicada que libraba en su vida: la lucha contra el cáncer.

El gran bateador, el mejor de su tiempo y uno de los mejores en la historia, lucía cansado pero seguía con su doble labor a pesar de las bajas defensas. Era coach del equipo de beisbol de la Universidad de San Diego y analista de juegos en la televisión de los Padres de San Diego.

Siempre fue un placer hablar con él. El primer recuerdo que se me viene a la mente son las entrevistas. Nunca negó una sola. Siempre estuvo atento a lo que se le preguntaba, dándole importancia al medio que lo buscaba. No medía entre grandes cadenas y un diario pequeño local. No hubo distingos.

La sencillez de Tony contrasta con el comportamiento de las superestrellas actuales.

Gwynn fue un excelente atleta desde la preparatoria en su natal Long Beach, California. Llegó a la Universidad Estatal de San Diego como gran jugador de baloncesto (aún posee la marca de asistencias para su alma máter) y el beisbol llegó a ser su segundo deporte. En ambos fue perfeccionando su juego hasta que el mismo día fue seleccionado en el draft para jugadores surgidos del sistema escolar por los Clippers del baloncesto de NBA y por los Padres de San Diego.

Su visita a Tijuana para repartir autógrafos en la tienda de los Padres en Plaza Río fue un evento histórico para la ciudad y Baja California. Tony se quedó a firmar y tomarse fotos con el último de los más de 5 mil aficionados que en dos distintas ubicaciones asistieron. Entendió muy bien que mucha gente no tenía el recurso ni los papeles para cruzar e ir a verlo en vivo.

Y la despedida de su carrera en 2001 en el estadio Qualcomm fue especial. Lleno con más de 60 mil aficionados que se quedaron hasta el final y Tony dio una vuelta olímpica saludando a sus fieles seguidores. Vi mucha gente llorando al paso de "Mr. Padre" en esa noche mágica.

Tres cosas valoraré siempre de Tony Gwynn:

1. Su lealtad al equipo con el cual llegó a Ligas Mayores. Jugó 20 años con los Padres en la época de la agencia libre. Nunca pidió y "tentó" la agencia libre porque así lo quiso. Prefirió quedarse donde le dieron la primera oportunidad.

2. Su deseo por volver a sus raíces. Regresó de coach a su universidad. Seguramente hubo ofertas del beisbol profesional pero resistió las tentaciones. Lo suyo era enseñar y se hizo cargo del equipo de los Aztecas a pesar del bajo presupuesto que maneja esa universidad para la disciplina de beisbol. Tenía una oficina modesta.

3. Su honestidad y dedicación al juego de beisbol.

Descanse en paz el gran número 19, Tony Gwynn.