Opinión

* El mundialito de palizas: ¿cuál fue el criterio?

AMANECER DEPORTIVO
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Por: RAÚL BRITO

Tras una etapa plagada de insólitas y hasta despiadadas palizas que han terminado por demeritar el espectáculo, hoy arranca lo que parece ser una mejor segunda parte del llamado Campeonato Mundial (¿o mundialito?) de Beisbol U-15.

Entre el jueves y lunes pasados, la justa que ha costado por las tres sedes (Ahome, Culiacán y Mazatlán) la nada misérrima cantidad de 5 millones de pesos -según los enterados- vio pasar penosos descalabros que, de entrada, hablan de un desnivelado torneo.

Causa escozor, por ejemplo, el resultado que obtuvo en uno de sus cinco encuentros la poderosa selección -ésta sí es selección, no equipo invitacional, como Lituania, Nueva Zelanda o Sudáfrica, que ya se despidieron y se fueron sin más al torneo de consolación- de Estados Unidos, que aplastó -mejor verbo no pude encontrar- a los sudafricanos por lapidaria pizarra de 25-0.

Pero este discordante marcador -reflejo fiel del deplorable nivel de competencia que varios representativos traen a la prueba- no fue el único en el desarrollo de esa parte inicial realmente aterradora.

Echemos un vistazo al duelo con que Japón le ganó, igual a la diezmada Sudáfrica, por 15-1, o al que Alemania endilgó por 13-1 a Nueva Zelanda. O la inmisericorde victoria que México -con 4-1 y su boleto amarrado- se agenció sobre Italia, 23-0, en el inaugural.

Hubo más: Estados Unidos 16-1 a neozelandeses; de nuevo, México, 19-0, a Guatemala; Hong Kong, 17-4, al decaído Lituania. Desastroso, vaya, aquel que Cuba le asestó -para la posteridad- por 30-0 a Lituania. Un día después, los mismos antillanos repitieron dosis, aunque con una pizarra de menor cuantía, pero no por ello menos funesta: 21-0. ¿Hay más? Sí, Venezuela 18-0 a Lituania; Australia, 16-3, a Argentina; China Taipei, 17-1, a Brasil.

Salvo Estados Unidos -sí, los potentes y consentidos estadounidenses, que incluso viajan por la ciudad en autobús oficial, el que facilitó el Instituto Sinaloense del Deporte-, Cuba, Panamá, China Taipei, México y Venezuela, que ya calificaron, el resto desmereció.

La Federación Internacional, en contuberbio, bueno, en sociedad con la Federación Mexicana que tiene como eterno potestatario al jubilado militar Alonso Pérez, aceptó el ingreso de naciones que, como Nueva Zelanda, Sudáfrica, Italia, Argentina o Guatemala, no brotan de raíces beisboleras y vinieron a hacer el perfecto ridículo.

"Vinimos a aprender beisbol", dijo un chavo neozelandés a EL DEBATE. Pero, ¿venir a aprender beisbol en un torneo oficial, no promocional, y puntuable para efectos de la sumatoria mundial?

Para aprender -diría algún personaje muy conectado con la organización y aspirante a la acéfala asociación estatal de beisbol- están competiciones promocionales, donde el nivel se empareja.

O sea, la presencia de naciones beisbolísticamente en pañales desmerece al espectáculo, sobre todo porque nos remite a que fueron otros los criterios -no los deportivos, sino los lucrativos- que terminaron por prevalecer en la decisión cupular por el mundialito.

La del estribo. Los políticos convencionales -esos que deambulan por ahí- están desatados en pro del deporte. Ahí viene 2015. Ajá.