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El soporífero ideal

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

Mientras el país y los mexicanos se encuentran sumergidos en una de las peores crisis económicas y de inseguridad que tienen como referente millones de pobres y la brutal violencia, el futbol, el equipo nacional y en sí el torneo mundial, funcionan como el soporífero ideal que al gobierno se le acomoda para mantener aplastado o dicho mejor, aparentemente reprimido cualquier signo de inestabilidad social.

El juego de ayer, la victoria del equipo nativo sobre el de Croacia, que franqueo el paso a Octavos de Final mantuvo en vilo a una inmensa mayoría de aficionados, incluidos cultos e inteligentes que embelesados seguían el espectáculo.

En sus casas, restaurantes, cualquier lugar fue bueno para que en bola de amigos, fanáticos, villamelones muchos jóvenes, niños, damas, señoras y ancianos, festejaron los goles que hicieron caer al adversario.

Imbuidos de un júbilo en el que parecía iba de por medio la recuperación de la patria y la recomposición de los actos de gobierno por unos más honestos, responsables y eficientes, -algo que el "Piojo" Herrera, se encargó de afirmar que nada tenía que ver una cosa con otra-, también los funcionarios públicos, desde el presidente de la República, hasta el más modesto de los alcaldes y regidores, por supuesto, también en un alarde de populismo se unieron a la algarabía ramplona.

Sólo ese es el tipo de lujo que pueden darse los mexicanos, dar rienda suelta a lo único que en este país les alegra la vida y quizá tengan razón al dejarse llevar por el fenómeno adormecedor del balompié.

En tanto, es el futbol profesional el espectáculo por excelencia que tiende una cortina de humo para que no explote en otra dirección la impotencia social ante la desfachatez, ineficacia, corrupción e importamadrismo oficial por establecer políticas públicas que mejoren la calidad de vida de los nacionales.

Ya después regresará la cruda realidad, la que nadie puede cambiar; ni la izquierda ni la derecha; tampoco Peña Nieto y sus reformas, ni sus discursos. Al menos, mientras les siga alcanzando el circo, porque el pan, ya se acabó.