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* Fin del sueño

ITINERARIO POLÍTICO

Repentinamente la alegría cedió paso al enojo, la esperanza dejó su lugar a la frustración, la risa se transformó en coraje y el dulce sabor de la victoria retrocedió y dejó pasar la amarga rabia de la derrota.

Acabó el sueño de todo un pueblo que —a lo largo de semanas—, mantuvo viva la esperanza de que ahora sí, que había llegado el tiempo de cosechar frutos mejores en el espec-táculo más popular: el futbol.

Y es que hasta la mañana del pasado domingo, la siempre aceitada maquinaria de sueños y mercadotecnia habían hecho creer a todo un pueblo que sí, que el equipo nacional mexicano de futbol estaba listo para superar el fantasma del quinto partido y, ¿por qué no?, que eran muchas las esperanzas de llegar a la final.

Pero de nueva cuenta la terca realidad se estrelló en la cara de millones de mexicanos que en sólo cinco minutos vieron escapar la gloria de la victoria, probaron que sólo los grandes encuentran el camino que conduce al templo de los dioses del futbol y que, igual que cinco o seis mundiales anteriores, los mexicanos "jugaron como nunca y perdieron como siempre".

Y se puede argumentar —como lo hizo "El Piojo" Herrera—, que el arbitraje siempre estuvo contra México, se puede insistir que "nos robaron el penal del segundo gol frente a Holanda" —como creen la mayoría de mexicanos—, y hasta se puede alucinar con el cuento de que el silbante permitió el triunfo de Holanda y ayudó a la derrota de México, por consigna de los "perversos intereses" de la FIFA.

Podrán decir misa, pero el once mexicano, su entrenador y toda la cuestionable industria mexicana del futbol están lejos del primer mundo de ese espectáculo deportivo llamado futbol. ¿Por qué? Porque la magia del espectáculo del futbol y las mieles de la victoria están lejos de la justicia y la justeza deportiva; porque el azar y el error humano no militan en tal o cuál equipo sino que aparecen de manera arbitraria de la mano de unos y contra los otros, o contra los primeros y a favor de los segundos.

Porque en el futbol gana el que mete más goles, y no el que jugó mejor; porque en el futbol la victoria es para el que más se esfuerza, más insiste en ofender al contrario y mejor fortaleza física muestra —todas condiciones para llegar al reparto de la suerte—; porque en el futbol gana aquel cuyo temple y hambre de gol son una disciplina que se exhibe durante todos los 90 minutos y no sólo en chispazo de temporal. Y porque en el futbol la victoria es de aquel cuya mentalidad de éxito está viva no sólo cuando va ganando, sino cuando empata o cuando se enfrenta a la derrota momentánea.

Y muchos podrán decir misa —a manera de consuelo, como muchos dijeron toda la tarde de ayer—; decir que los muchachos del once mexicano se mataron en la cancha, que dieron todo, hicieron lo que nunca y que, por eso, se pueden retirar de la justa mundialista con la cabeza en alto. Y sin duda que todo eso es cierto, pero casualmente también es cierto que lo único que cuenta para la competencia es que perdieron. O si se quiere ver desde otro ángulo; lo único que cuenta es que no ganaron.

¿Y por qué no ganaron? Porque según los conocedores del futbol —e igual que ocurre con los profesionales del conformismo—, los futbolistas mexicanos y su técnico se escudaron en la timorata actitud de cuidar su solitario gol de diferencia, en lugar de ofender con más fuerza, habilidad, talento e imaginación, para ampliar la diferencia de goles. Herrera y sus muchachos se conformaron con cuidar la seguridad marginal, temporal y relativa de un gol a favor y… lo demás todos lo saben.

Y es que para ganar la gloria en el espectáculo deporte llamado futbol, de nada sirven las buenas intenciones, los buenos propósitos y los actos de fe. Tampoco sirve escudarse en la mala suerte o los malos árbitros. De nada sirve que la mercadotecnia exalte a niveles de fervor patrio el llamado "milagro mexicano" del futbol y que millones de compatriotas sigan por las pantallas los juegos, ataviados con "la verde".

No, lo cierto es que para ganar la gloria en el futbol —y para ganar la gloria en cualquier actividad humana—, además de las habilidades naturales y la preparación física indispensable, se requiere una construcción mental ganadora, que rechace el conformismo y que en cada juego, en cada lance y durante cada minuto de los 90 de juego, se deje ver el hambre de gol.

Y no podremos aspirar a la gloria en las justas mundialistas de futbol, mientras que en democracia, en educación, en eficacia de gobierno y en civilidad social los mexicanos sigamos lejos del quinto partido. Al tiempo.