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* Gabo y el corazón del lector * Otra falla a la #Línea12

CAMPOS ELÍSEOS

Lo dijo en 1996. Ese discurso de Gabriel García Márquez está para pensarse y repensarse en estos momentos de periodismo instantáneo. Lo escribió y leyó en la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) el 7 de octubre de ese año sobre una profesión a la que dedicó el mayor tiempo de su vida: el periodismo.

Celoso defensor de la ética periodística, enemigo jurado de las grabadoras (que decía que suplantaban y mal los oídos de los reporteros), hablaba de "sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo" que habían aprendido los reporteros, sobre todo, egresados de carreras de Comunicación.

"No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor", dijo en Los Ángeles.

Critica la educación y luego la información más que formación en Comunicación:

"En el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. (…) Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante".

Que conste que lo escribió en 1996. Mucho antes de que existiera Twitter, que tan sólo tiene 8 años de vida.

El texto me toca profundamente porque yo viví una redacción de antaño donde el oficio era todo y casi no había vida privada; porque también soy egresada de una escuela de Comunicación y además adoptante entusiasta de nuevas tecnologías.

Comprendo la intención del texto y estoy de acuerdo en muchas cosas; sin embargo, ¿los periodistas estamos extraviados en el laberinto de una tecnología disparada sin control? Sí. Nos supera. Cuando ya aprendimos a usar algo, hay otra cosa más nueva y mejor.

¿Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios? Sí. Quizá muchas de las oficinas de hoy también. ¿O no se comunica usted, querido lector, lectora, con su compañero de al lado con un mensaje? ¿Algunos de sus otrora cafés con amigos ahora son chats de whatsapp? ¿Trabaja documentos entre varias personas en línea sin verse? Ya ni digamos skype, o hacer google hangout. Sí. Pero también nos da otras posibilidades.

El problema radica, creo, en la última parte: que sea más fácil comunicarse con fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. El oficio sí está perdido cuando la tecnología fría se vuelve el medio en lugar de la palabra. Cuando dejamos, como periodistas, en saber de cierto que nuestra misión es comunicarnos, como bien dice, con "el corazón de los lectores".

El mundo está ante una segunda gran Revolución tras la Industrial: la digital. No debemos abstenernos de ella como periodistas, pero sí hay que apagar la grabadora para escuchar los latidos del corazón del otro, su respiración, sus silencios.

Con todo lo nuevo hay que celebrar esa "carpintería de la literatura" (frase que le escuché a Enrique Krauze) en la que trabajamos para contar mejores historias… aunque a veces sea en 140 caracteres.

Ayer se despidió a este gran reportero que escribía novelas y novelista que contaba historias ancladas en la realidad en Bellas Artes. Ha sido el único ciudadano colombiano despedido por dos presidentes ahí: Enrique Peña Nieto y Juan Manuel Santos.

Como jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, presentó en julio de 2007 el Manual Técnico y de Accesibilidad para Personas con Discapacidad. La idea era convertir al DF en una ciudad de vanguardia en materia de inclusión.

Ahí, y tomando en cuenta su proyecto más importante, prometió:

—Vamos a tomar todas las medidas que dice el Manual en la Línea 12, para que sea un modelo a seguir (de inclusión). Las líneas anteriores, desgraciadamente, muchas de ellas no tienen estas facilidades.

¡Oh sorpresa! Casi 7 años después, el panorama es totalmente diferente.

Además de las fallas que ya conocemos, una nueva anomalía se presenta en la Línea 12: el espacio que divide al andén del vagón.

Para usted querido lector, lectora, podría parecer una situación sin la mayor importancia; pero no lo es. Le explico. En algunos casos, como lo documentó El Universal, la distancia entre ambas partes en algunas estaciones de la Línea 12, es de entre 8 y hasta 16 centímetros, incluso variando en el mismo andén. Es más, una rueda de carriola llega a atorarse en ese espacio.

En otras estaciones, por ejemplo de la Línea 9, la separación es de 4 centímetros, aspecto que desestimó el propio Ebrard.

¿Se imagina poder subir a un vagón en silla de ruedas?

En la edición online, el caso Gutiérrez de la Torre en la PGJDF, y qué se espera hoy en el Senado sobre la ley de Telecomunicaciones.

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