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* LDC: el futuro que tampoco hubiera sido * Las falacias del discurso del 6 de marzo

INDICADOR POLÍTICO

La reactivación de la figura de Luis Donaldo Colosio entró en un conflicto casi inmediato: mientras las llamadas viudas decían que el asesinato había truncado un proyecto político, el PRI y el presidente Peña Nieto afirmaron que las reformas estructurales era el México que soñó el sonorense.

Pero en la frialdad del análisis político es posible refutar la afirmación de los amigos de Colosio de que el asesinato resultó "el futuro que no fue" porque Colosio en realidad careció de un proyecto de nación y que su misión era la de administrar la continuidad del proyecto salinista.

El mítico discurso del 6 de marzo no tuvo el efecto social que dicen que logró; si acaso, causó expectación en la propia clase política priista; pero al final no fue visto como una ruptura con Salinas. En realidad, ese discurso fue una expresión del perfil contradictorio de Colosio: salir desde el fondo del neoliberalismo salinista en donde contribuyó a las reformas conservadoras para criticar los resultados de esas reformas que él ayudó a entronizar.

Por ejemplo, el 6 de marzo Colosio se comprometió a consolidar la lealtad y formación priista para evitar que hubiera candidaturas ajenas a la militancia, pero en 1990-1991 Colosio, como presidente del PRI fue el encargado de imponerle a la militancia priista candidaturas de economistas neoliberales del grupo de Salinas que nunca habían pisado el PRI.

El 6 de marzo Colosio hizo una reivindicación histórica e ideológica de la Revolución Mexicana, pero fue uno de los pivotes fundamentales del proyecto de Salinas de Gortari para liquidar a la Revolución, sacarla de los documentos del PRI y poner en su lugar el liberalismo social; por tanto, ¿iba Colosio a revertir lo que había hecho como presidente nacional del PRI? Colosio no había sido un ujier del salinismo, sino la pieza fundamental primero como presidente del PRI y luego como secretario de Desarrollo Social como eje del Pronasol; de ahí que la principal contradicción del discurso del 6 de marzo habría sido el arrepentimiento tangencial --porque no lo hizo de frente-- del proyecto salinista.

Las frases fundamentales del discurso de Colosio del 6 de marzo de 1994 también fueron un contrasentido: el México que vio --con hambre y sed de justicia-- era el México que había polarizado Salinas de Gortari con su proyecto neoliberal y por tanto, el saldo de hambre e injusticia también debía de ser endosado a Colosio por su papel salinista en el PRI y en Sedesol.

En el Monumento a la Revolución Colosio pronunció un discurso como si hubiera bajado segundos antes de una nave espacial en la que habría andado cinco años dando vueltas en la estratósfera, cuando en realidad Colosio había sido uno de los arquitectos del programa económico neoliberal que había polarizado socialmente a la República y que por esa razón exclusivamente había sido elegido sucesor.

Y el México que Colosio dijo que se había encontrado con grandes demandas de democratización había sido, paradójicamente, el México autoritario que él consolidó para Salinas de Gortari desde el PRI; porque el PRI de Salinas que manejó Colosio se olvidó de la historia, de Lázaro Cárdenas, del Estado y de la militancia y Colosio fue imponiendo por instrucciones de Salinas, pero también por decisión propia por encima de cualquier objetivo democrático. Si Salinas fue el restaurador del autoritarismo, Colosio sirvió como instrumento.

Hasta donde se tienen datos razonables, Colosio no iba a liquidar el neoliberalismo ni iba a regresar al populismo, Salinas le iba a dejar el gabinete impuesto, tampoco tenía priistas modernizados como para reorganizar el partido, ni menos aún tenía intenciones democratizadoras.

Su discurso del 6 de marzo en realidad despreocupó en Los Pinos de Salinas de Gortari por el contenido aunque inquietó por la lectura que tendría en sectores críticos al salinismo y en el priismo que se resistía al neoliberalismo. Pero de ese discurso no se desprende una reforma colosista populista a la reforma salinista neoliberal porque al final de cuentas el gobierno de Colosio iba a depender del modelo económico atado --y muy bien atado-- por el tratado de comercio libre firmado por Salinas de Gortari y aprobado en el Congreso de los Estados Unidos en noviembre de 1993. Así, lo hubiera aceptado o no, Colosio era el candidato del TCL y su gobierno sería producto del TCL sin ningún margen de maniobra para corregirlo.

Colosio había sido elegido por Salinas como su sucesor porque para Salinas la prioridad era la consolidación del modelo económico, no la democratización. Y Colosio vio con preocupación en su campaña que carecería de margen de maniobra para modificar el modelo económico con el arranque formal del tratado y entonces percibió que su legado sería la democracia; por eso enfatizó el tema político en su campaña y por eso buscó alianzas con Cuauhtémoc Cárdenas y con Manuel Camacho. Sólo que tampoco tenía una idea clara del colapso del sistema político ni de su dimensión por lo que su oferta era retórica, general y sin un diseño institucional.

Colosio fue producto del modelo autoritario de Salinas, por lo que no debía salirse del guión. Ahí es donde hay que profundizar el análisis psico-político de Salinas en marzo para saber si Colosio era realmente un peligro para su modelo o terminaría como un Pascual Ortiz Rubio.

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