Opinión

La entronización del ‘Zurdo’ Ramírez: ¿y Jesús Zápari?

Amanecer Deportivo

Por  Raúl Brito

Lo bueno. Cobijado por las actuales autoridades municipales en una ‘¿ceremonia? prácticamente en familia, el ahora ‘hijo pródigo’ de Mazatlán, Jesús Gilberto ‘Zurdo’ Ramírez, tuvo ayer su gran día...tres años después de consagrar su nombre en letras doradas dentro de la élite del boxeo profesional.  

El primer mexicano en convertirse en monarca mundial de las 168 libras (peso Supermedio) recibió lo que la autoridad local llama Llaves de la Ciudad (¿acaso esta distinción no se entrega solamente a visitantes?) en una condecoración que lo enaltece no solo como ciudadano, sino como deportista de clase mundial en su natal ciudad.

El 9 de abril de 2016, ‘Zurdo’ Ramírez superó al armenio Arthur Abraham y obtuvo el histórico campeonato del mundo de la OMB, que defendió exitosamente en cinco ocasiones hasta decidir subir a las 175 libras (peso Semipesado), donde hace seis meses debutó con victoria por nocaut.          

Dos días antes, en una secundaria local, el ahora ‘huésped distinguido’ había dado una disertación motivacional a los chavos en lo que fue el inicio de una buena semana fuera de los cuadriláteros con baño de pueblo, por un lado, y parafernalia glamorosa, por otro, que tatúan ese nombre labrado con oro en el pandero pugilístico de paga.        

Lo malo. En la ceremonia de entronización del ‘Zurdo’ Ramírez, hubo, sin embargo, un detalle que no pasó por alto: la ausencia de Jesús Zápari. Pero, ¿y quién es Jesús Zápari? Casi nadie. Simple y sencillamente el manejador que, desde los 12 años, le detectó las cualidades boxísticas, le pulió su depurado talento y le allanó el camino hacia el estrellato de quien es ahora el rey mundial (bueno, diadema a la que renunció para subir de división y que espera su nuevo dueño) y que no fue invitado por autoridad alguna ni ‘Zurdo’ Ramírez se acordó de él para expresarle -vaya- un voto de gratitud.  

Y es que, más allá del inesperado rompimiento en su relación personal y laboral dado en febrero pasado entre el pugilista y los Zápari, creemos que era lo menos que el deportista podía hacer en una ¿ceremonia de gala? y solo con un puñado de funcionarios como invitados: corresponder en un público agradecimiento a quien, durante más de 15 años, fue su mentor, manejador y ‘padre adoptivo’ dentro y fuera del cuadrilátero.  

Ya si el Ayuntamiento omitió invitarlo (garrafal pifia, por cierto), ése fue harina de otro costal que deja mal sabor de boca por la falta de cortesía política. Digo.

Muralla: elección y la sombra de su añeja venta      

En medio de la cada vez más insistente venta de sus instalaciones de Casa Club, hoy se someten a la ‘prueba del ácido’ en busca de la presidencia de la antiquísima institución murallense los dos Armando: Celis y Martínez. 

Tenistas de vieja afiliación al club deportivo y social más antiguo en el noroeste del país, los suspirantes a la titularidad van tras la mayoría de votos de un padrón de 530 socios, de los cuales 310 son honorarios, es decir, que ya no pagan cuotas, pero sí tienen voz y voto.      

Al menos uno de ellos -Celis- enarbola con énfasis la bandera de la urgente venta de la Casa Club, cuya decisión -ya en boca de todos- fue tomada en reciente asamblea por 175 votos a favor y 18 en contra.

Vender ahorita el histórico recinto significaría para las maltrechas finanzas del nonagenario club 28.5 millones de pesos que serviría para pagar a proveedores y remodelar sus -también añejos- campos de El Venadillo. Bueno, eso se dice.