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* La fe construye la familia * La luz de la fe (XIII)

LA VOZ DEL PAPA

1) Para saber. Hace poco se estrenó una película sobre Noé. Aunque técnicamente está bien realizada, presenta algunas secuencias que pueden dar lugar a confusión y creer que es bíblico lo que es ficción. Sin embargo, Noé es un ejemplo de fe en Dios. Dice el papa Francisco que así como Noé por su fe construyó el arca y salvó a su familia, así ahora la fe también ayuda a edificar: sea una civilización, una cultura o una familia. La fe crea vínculos muy potentes entre las personas, pues están fundados en el amor a Dios.

La fe no sólo nos ayuda a conseguir la vida eterna, sino también a edificar cada familia. La fe ayuda a captar que el amor de los esposos es signo del amor de Dios y a reconocer con profundidad la generación de los hijos al ver en ellos un regalo de la bondad de Dios que nos confía a una nueva persona.

2) Para pensar. En varias biografías de personas santas descubrimos la influencia de sus padres. El beato Juan Pablo II recordaba con emoción el ejemplo de sus padres y la huella que con su sincera piedad dejaron en su vida.

Juan Pablo II decía que sus primeras oraciones vinieron de su madre, y nunca las olvidó. Pero ella murió cuando se preparaba para su Primera Comunión. Fue su padre quien le llevó a madurar su fe: "Mi padre era admirable. Los violentos golpes que tuvo que soportar abrieron en él una profunda espiritualidad, y su dolor se hacía oración. El mero hecho de verle rezando de rodillas tuvo una influencia decisiva en mis años de juventud".

3) Para vivir. La fe ha de acompañar cada etapa de la familia: desde pequeños, los hijos aprenden a fiarse del amor de sus padres. Dice el papa Francisco que es "importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia". No sólo diciéndoselos, sino dando ejemplo. Ambos, papá y mamá, han de caminar unidos en el amor de Dios. Si cada uno caminara por su lado, por ejemplo, mientras uno va a Misa o reza, el otro no quiere, los niños crecerán desconcertados. Primero obedecerán, pero al crecer dudarán del camino, con el peligro de no dejar que la fe ilumine su vida.