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* La fe construye la sociedad * La luz de la fe (XIV)

LA VOZ DEL PAPA

La Revolución Francesa del siglo 18 defendía entre sus ideales una mayor fraternidad. Sin embargo, ha dicho el papa Francisco, esa fraternidad no logra subsistir si no hace relación a un Padre común como fundamento último. Porque, ¿cómo vamos a ser todos hermanos entre sí, vivir la fraternidad, si no tenemos a un

mismo Padre? La fe nos hace conocer ese fundamento. Es en Cristo como realmente somos hermanos e hijos de un mismo Padre. Por eso, no solo podemos llamarnos hermanos, sino que realmente lo somos. Y podemos descubrir en los demás el amor del Padre. Por eso dice el papa Francisco que la "fe nos enseña que cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano" (n. 54).//Para lograr ver en los demás una bendición es preciso desterrar el egoísmo. Comentaba Mons. Luis María Martínez, quien fuera arzobispo de México, que hay que escoger entre el amor a uno mismo y el amor a Dios, y, por Dios, a los demás. Pues es evidente que una vida centrada en el propio yo («primero, yo; segundo, yo; tercero, yo, y lo que sobre, para mí») aparta del Señor y distancia del prójimo. Por eso, seguía diciendo Monseñor Luis María, un buen fraile le escribía a la superiora de un convento de monjas mexicana: «Para llegar a la unión con Dios es indispensable matar a Don Yo, que es el peor de bandido que se conoce». Si no logramos convivir con alguien, sucede que además de falta de caridad, hay falta de fe.// Así como la fe es capaz de construir la familia, también es capaz de edificar una sociedad puesto que ilumina todas las relaciones sociales poniendo un fundamento firme. La fraternidad, solo será posible al imperar el amor al Padre y, por Él, a todos los demás. El amor fraternal es incondicional y desinteresado. Un hermano ama a su hermano por ser su hermano, no por lo que pudiera conseguir a través de él. Por ello, aunque estén enfermos, tengan alguna discapacidad, o incluso, no nos "caigan" bien, el motivo de amarlos es que son nuestros hermanos, hijos de nuestro Padre Dios.

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