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* La luz de la fe (I) * Volamos con la fe y la razón

LA VOZ DEL PAPA

1) Para saber. El Papa Francisco en su primera encíclica, llamada La luz de la fe, nos indica que Jesús nos ha traído este gran don de la fe que nos alumbra. En los siguientes artículos recorreremos algunos puntos significativos de la encíclica, a fin de sacar enseñanzas provechosas que nos permitan conocer y vivir mejor nuestra fe. En la antigüedad, dice el Papa, el mundo pagano desarrolló el culto al Sol al ver sus beneficios: luz, calor…, sin embargo, esa luz no es capaz de iluminar toda la existencia del hombre. Con Cristo sí queda iluminada toda la realidad: nos muestra quién es Dios, quién es el hombre mismo, para qué está en el mundo, de dónde viene y a dónde va. Pero para poder ver esas verdades es preciso creer, la fe es necesaria. La fe nos ilumina el entendimiento, es una luz que nos permite conocer más allá de lo que nos permiten nuestros ojos.

2) Para pensar. Si el hombre pierde de vista hacia dónde dirige su vida, será fácil que se pierda en cualquier lugar. Cuentan del gran escritor inglés Chesterton que era muy despistado. En una ocasión que iba viajando en tren, el revisor le pidió su boleto. Pero Chesterton no lo encontraba. Revisaba todos sus bolsillos y no lo hallaba. Se iba poniendo cada vez más nervioso. Entonces el revisor le dijo: "Tranquilo, no se preocupe, no le voy a cobrar otro boleto". Pero el escritor repuso: "No me importaría pagar otro boleto; lo que me preocupa, es que he olvidado a dónde voy". La fe nos da esa luz que hace que no nos perdamos por los mil caminos que tiene la vida.

3) Para vivir. La fe no es contraria a la verdad. Precisamente porque la verdad es muy amplia, requerimos de la fe para que, junto con la razón, logremos alcanzarla. El próximo santo Juan Pablo II lo afirmaba: "La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo" (Introducción, Fe y razón).