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* La reciclada DMD * Y el sello "coppelista"

AMANECER DEPORTIVO

Ninguna –o casi ninguna– sorpresa constituyó el destape del gabinetazo "coppelista". Campañistas todos, o casi todos, hoy tienen su recompensa. Las mismas caras usufructuan lo que de momento se conoce como (la mal llamada) Dirección del Deporte, pero que a partir de "mayo o junio" –según la óptica de la inquilina mayor– gozará de otra jerarquía: Instituto Municipal.

Un exdirector –y luego funcionario menor de la misma dependencia–, dos promotores futboleros surgidos de la exquisita y redituable barriada, otro exsubdirector, dos sindicalizados, dos damas de naciente incursión en la burocracia deportiva y hasta un ratificado (¡ajúa!) integran el búnker en la incipiente era de Mónica Coppel.

Además de la jefa, cuyo nombramiento se dio por descontado allá por mediados de octubre y que EL DEBATE consignó en su momento (dicho sin presunción ni vanagloria...y sí con mucha modestia), vimos por la máxima casa de los poderes deportivos locales deambular a un Daniel Enciso que, ahora investido en un flamante subdirector, ha sido titular y, más reciente, amo del deporte que más la apasiona y que no dejará llueve o truene: el popular.

Tres de sus fieles escuderos –hay otros que siguen en espera de la venia presidencial– alcanzaron a acomodarse. Y es el caso de Rodolfo "Manolete" Rodríguez, un otrora segundo de a bordo (con el mismo Enciso y luego con el tristemente célebre Francisco Domínguez) venido ahora a la coordinación técnica (¿sabrá el terreno que pisa? Solo es pregunta). Uno más es Gabriel Sánchez, encargado de la promotoría en la conflictiva Flores Magón y que, se supone, debe ceder la estafeta para evitar el criticado "juez y parte". Y el tercero, otro promotor balompédico, Bernardo Barrón, quien tenía hasta hace tres días y unas cuantas horas su enraizado feudo en La Bomba, de donde hace tiempo intentaron sacarlo.

¿Y el personal sindicalizado? Una de ellas es Irasema Velarde, quien regresa al redil tras un tiempo fuera de circulación, aquejada por una incapacidad a causa de una intervención quirúrgica. Sabedora del teje y maneje de los números (sobre todo de cuánto y de a cómo), Coppel la mandó llamar a la coordinación administrativa.

El otro es Alejandro Enríquez, enlace –directo y llano– con los comités (¿también conocerá el léxico apropiado para hablarle al oído a los sufridos y exigentes titulares de esos honoríficos y de la papa caliente que, ojalá, no se le caiga de sus manos? Es duda), a quien vi ayer, por cierto, no muy convencido de su nuevo encargo.

Sus damas fuertes. Pero Coppel no viene sola. Aunque rodeada de un "equipazo" que, según dice, será sometido a una evaluación constante, la expedalista se llevó a dos mujeres de su más alta confianza que, sin chistar, ya tildó como sus brazos derecho e izquierdo ("a ellas sí me las traje yo"....¿y a los demás no?): Georgina Montero y Karla Osuna.

Dos chavas que reorganizan, ordenan, hurgan documentos, monitorean y dicen quién entra y quién no.

En el sello peculiar de la nueva titular, la burocracia ya llegó a la oficina. Y es que quien llegue deberá registrarse con puño y letra. No así Juan Ramón, su esposo, que entró sin tocar baranda. ¡Ajúa!