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* Los nuevos Charros de Jalisco

RUIDOS DEL DUGOUT

Cleveland. Sin duda, Guadalajara tiene un potencial enorme. En lo económico, ninguna ciudad del noroeste de México se compara con la perla tapatía.

Creo que resulta bueno para el beisbol invernal llevar el espectáculo a esa ciudad.

La llegada de Charros a la Liga Mexicana del Pacífico debe ser aprovechada con un agresivo plan de mercadotecnia por parte del club; inculcarle a los jaliscienses que el club es para ellos. Darle el sentido de pertenencia. No se puede pensar en que llegan para "competir" con las Chivas, el Atlas o la U de G de futbol, que mete mucha gente al estadio Jalisco.

Patrocinadores nacionales podrían ingresar o regresar a Liga Mexicana del Pacífico en base a lo atractivo que resulta un mercado como el de Guadalajara.

Charros debe comenzar ya su historia ahí en su casa. Más adelante, en base al resultado en el terreno, y fuera de él, está el pensar en poder tener un parque de pelota para ellos. Queda por el momento la opción de jugar en el estadio panamericano.

A mí me gusta la idea de llevar beisbol a Jalisco. Creo que hay mucho interés por el pasatiempo invernal. El éxito de dicho club es otro boleto; ese va a depender de la forma de administrarlo.

Ojalá y este movimiento sea punta de lanza para un crecimiento gradual, con expansión, con nuevos mercados.

Todo será en beneficio para el béisbol mexicano.

LA HISTORIA DE LOS AMPÁYERES. En la serie aquí en Cleveland estaba programado para trabajar el reconocido ampáyer John Hirschbeck.

De repente se anunció que no podría estar presente debido a una situación familiar.

John, el hijo de 27 años de Hirschbeck, había fallecido la mañana de ese día de un raro mal que ha atacado a los cuatro hijos del juez de beisbol.

Es el segundo hijo que pierde Hirschbeck, ambos por el mismo problema.

A los ampáyers estamos acostumbrados a verlos en el papel de "villanos". Se respeta su trabajo (a veces) y nada más. Se dice que mientras menos mencionemos al ampáyer es porque mejor hizo su labor.

Pero quizás no sabemos o entendemos el sufrimiento que tienen que pasar, esas horas de desvelo por saber que un detalle en una marcación afectó el resultado de un juego, sus viajes constantes, el escaso reconocimiento que se le da a su noble y vital labor.

La situación por la que pasa Hirschbeck nos da a entender que ellos también tienen su historia.

Por más frialdad que veamos en su forma de trabajar o poco interés que tengamos en saber de estos hombres cuyo trabajo es vital para el desarrollo del juego.