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* Notoria improcedencia de intelectuales * Utopía: socialismo con economía mixta

INDICADOR POLÍTICO

Pues resultó que veintitrés premios nacionales de ciencias y artes fueron reprobados porque solicitaron un amparo a la Corte Suprema contra la reforma energética sin conocer los procedimientos legales ni la nueva ley de amparo. La solicitud de los intelectuales fue desechada por "notoria improcedencia".

El asunto no es menor porque los premios nacionales se han entregado en reconocimiento a la capacidad intelectual de los ganadores, entre ellos científicos y politólogos, no solamente poetas y novelistas. Pero resulta que importantes intelectuales desconocen el alcance de las leyes y sólo quieren dar el charolazo.

Pero el problema energético es más complejo que la ignorancia jurídica de los flamantes premios nacionales abajofirmantes. El debate real debió darse en función de la herencia real o inexistente de Lázaro Cárdenas en torno al petróleo y a la Revolución Mexicana.

Y ahí es donde el tema del petróleo se hundió en un charco de chapopote. Adolfo Gilly publicó en 1994, veintitrés años después de conocerse el testamento ideológico de Lázaro Cárdenas en octubre de 1971 y dos años después de que el presidente Carlos Salinas de Gortari enterró a la Revolución Mexicana en 1992, su libro El cardenismo, una utopía mexicana. Y ahí estableció el concepto del modelo cardenista como una utopía, un lugar inexistente, irreal, quizá un ideal.

El razonamiento de Gilly señaló que en realidad no hubo un proyecto cardenista sino que existieron decisiones de coyuntura aunque con efectos de largo plazo y de definición política y hasta ideológica. "Tierra, educación, petróleo y soberanía eran los cuatro pilares de la utopía cardenista".

El debate debiera ser sobre la propuesta socialista de Lázaro Cárdenas. ¿Era viable, él mismo en realidad la impulsó o sólo la dejó en pronunciamientos discursivos, retóricos, no reales? En su campaña presidencial, como lo recogió Hilda Muñoz, Cárdenas se refirió a la "doctrina socialista que sustenta la Revolución Mexicana" y su propuesta de fundación del PRM estableció que el nuevo partido "considera como uno de sus objetivos fundamentales la preparación del pueblo para la implantación de una democracia de trabajadores y para llegar al régimen socialista".

Sin embargo, en las decisiones hubo un Lázaro Cárdenas más pragmático: la lucha de clases y un socialismo pero "compatibles con la Revolución Mexicana", es decir, un modelo social de Estado, no un socialismo comunista.

Para Cuauhtémoc Cárdenas, en una conferencia en 1985 que trató de revivir al cardenismo de la Revolución mexicana ante el avance de los tecnócratas salinistas, "la síntesis de las ideas revolucionarias" se dio en la Constitución de 1917, sobre todo en los artículos 3, 27 y 123. Nada nuevo.

En los hechos, los cardenistas no pudieron construir un proyecto cardenista sino enlistar algunos objetivos sustentados en el papel central del Estado en el desarrollo, con aliento a la inversión privada pero sin anulación empresarial. En su testamento, Cárdenas fue más retórico que programático, no planteó modelos sino objetivos a recuperar y más bien criticó la desviación del espíritu de la Revolución.

Cárdenas expropió el petróleo pero careció de un proyecto de desarrollo y de un modelo de Estado; su utopía fue simbólica, de capacidad de decisión del Estado para expropiar los recursos de la nación. El socialismo de Cárdenas no fue más que un capitalismo de Estado, con hegemonía pública y complementariedad privada, más en el espíritu de Morelos en cuanto a que las leyes "moderen la opulencia y la indigencia", y no al socialismo comunista.

Los premios nacionales debieron abrir el debate cardenista, no exhibir su ignorancia jurídica con todo y sus medallas y diplomas.

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