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* PAN: ¿líder, caudillo o arrepentimiento? * Fractura inevitable rumbo a 2015 y 2018

INDICADOR POLÍTICO

La elección de un nuevo presidente para el comité nacional del PAN no puede ser más pesimista, en función de tres hechos:

1.- El primer presidente panista de la República que derrotó al PRI y consolidó la transición y la alternancia, Vicente Fox Quesada, ya no es panista; y en la elección del 2012 pidió a panistas el voto por el candidato presidencial priista, Enrique Peña Nieto.

2.- El segundo presidente panista de la República que derrotó al caudillo López Obrador y retuvo el poder otro sexenio, Felipe Calderón Hinojosa, es hoy el demonio panista que una fracción del panismo quiere aplastar; para colmo, Calderón ha dejado entrever que podría salirse del PAN, como hace años hizo su padre, Luis Calderón Vega.

3.- Y la candidata presidencial panista en el 2012 que no pudo mantener para el PAN la Presidencia de la República por un tercer sexenio, Josefina Vázquez Mota, declinó participar en la elección de dirigente; y se acumulan datos de que habría aceptado una embajada en Europa del gobierno de Peña Nieto, quien le regresó la presidencia al PRI y puso al PAN en las elecciones del 2012 en el tercer sitio electoral.

A pesar del escenario político, la elección de nueva dirigencia panista será más bien un ajuste de cuentas del PAN con su propio presente y su pasado reciente. Las dos candidaturas representan la fractura inevitable del panismo luego de la derrota, pero sin haber llegado a conclusiones claras de las razones de la derrota: ¿perdió Calderón, perdió Josefina, el panismo se desencantó, por qué la sociedad le quitó al PAN el apoyo sólo por dos sexenios no tan malos como muchos peores del PRI en el pasado?

En este contexto, la elección de nueva dirigencia panista el 18 de mayo próximo será la aduana de Felipe Calderón Hinojosa y sus seguidores. Sin ideología, desgastado por el ejercicio del poder apenas 12 años, con saldos de corrupción inocultables, sin una huella histórica a su paso por el poder presidencial y ya con el virus de la ambición del cargo público, el panismo se enfila rumbo al colapso como partido de equilibrio moral que soñó Manuel Gómez Morín en 1939 cuando fundó la organización para oponerla al movimiento revolucionario cardenista entonces en el poder.

Los panistas no quieren mirar atrás, quizá porque quedarían convertidos en estatuas de sal. Más que saber quién será el próximo dirigente —si el reelecto Gustavo Madero o el neopanista Ernesto Cordero—, los panistas debieran estar más preocupados por realizar una evaluación de sus 12 años en la Presidencia. Porque no fueron años comunes. Al PAN en la Presidencia le tocó el simbolismo de las fechas históricas de forjamiento de la nación —los 200 años de la Independencia y el centenario de la Revolución— y el asunto pasó de noche, sin una reflexión ideológica, como si el 2010 hubiera sido un año cualquiera.

El PAN logró consolidar la transición democrática con una alternancia sin conflictos postelectorales y entrega pacífica del poder, pero los ciudadanos no panistas que votaron por Fox para consolidar el cambio se siguen preguntando por qué el PAN en la Presidencia se olvidó de los procesos políticos y de su doctrina democrática para simplemente administrar el poder y la crisis.

El relevo presidencial en el 2000 no debió haber sido sólo circunstancial. La transición era apenas una etapa del proceso de instauración democrática y de reformulación del sistema político; pero Fox y Calderón, cada uno con sus justificaciones, se olvidaron del largo plazo, carecieron de una visión de reformulación del Estado priista por un Estado democrático y quemaron la oportunidad de darle una utilidad histórica a la alternancia.

En este contexto, se percibe la elección para la presidencia del PAN como una disputa burocrática y elitista del poder, porque ni Madero ni Cordero han presentado alguna oferta de rescate del proyecto de nación del PAN y de redefinición de su propuesta de democratización. Aunque los dos invocan a Gómez Morín y a los principios del PAN, en realidad están localizados en los carriles de disfrute del poder. Por eso Fox se transformó en priista, Calderón se molestó con Josefina y la abandonó en las elecciones y Josefina sólo aspira a una chamba, aunque sea de embajadora del gobierno priista al que tanto criticó en la campaña y al que ahora tendría que representar diplomáticamente.

En los proyectos de Madero y Cordero no se percibe definición ideológica, asunción de valores reales del panismo histórico, reflexión histórica sobre el papel del PAN, autocrítica real sobre el fracaso del PAN en la Presidencia de la República y fórmula alguna para recuperar la confianza de la ciudadanía. En el discurso de victoria en el Ángel de la Independencia, el grito más repetido por la ciudadanía fue claro: "No nos falles, Vicente". Y el compromiso de Fox y de Calderón fue el del cambio; los dos fallaron a pesar de haber tenido el apoyo institucional del PRI y el de la sociedad.

El PAN ya no será un partido de opción ideológica o política, sino una mera agencia de colocaciones para panistas sin valores ideológicos que quieran llegar a instancias de poder, sea con Madero o con Cordero.

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