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* Que no es campamentitis * La Évers, ¿estallará?

AMANECER DEPORTIVO

Ayer que volví a tener la posibilidad de encontrarme con Horacio Llamas y Brisa Silva –las dos figuras de mayor relevancia en el baloncesto en Sinaloa– no podía dejar de escapar la ocasión de preguntar qué ofrecen respecto a otras clínicas.

Inmersos en un mes en que el campamentitis se vuelve más comercial que didáctico o formativo, los rosarenses defendieron su campamento, que hoy comienza con augurios que hacen alentar no solo a sí mismos, sino a los muchos chicos que, prevén, estarán.

Desconcertados, tanto Llamas como Silva –los primeros dos jugadores mexicanos en llegar a la duela de la NBA, obvio, cada quien en su momento y rama–, respondieron que su tarea no es entrenar, sino enseñar, transmitir su experiencia e incentivar a las camadas.

Es cierto que frente a otros campamentos exprés –próximos a anunciarse–, el suyo lleva una ventaja harto abismal. No es lo mismo que un entrenador –por más logros que presuma como seleccionador– convoque a que lo hagan dos emblemas radiantes que, como ellos, han hecho historia en México. Pero, ¿qué sigue?

Un campamento dura tres o cuatro días y todo acaba ahí. Y no debiera acabar ahí. Más allá del dilema de si uno es entrenador o no, la retroalimentación debe encauzarse a otros pasos y niveles, y aunque ni Llamas ni Silva se dediquen a forjar nuevas generaciones, su tarea debe tener un sólido seguimiento que permita a las pléyades explotar su talento con base en el sistema técnico aprendido en el curso relámpago y desarrollarlo en su real dimensión.

"No estoy de acuerdo en eso de que hay campamentitis", recrimina el exposte de 2.11 metros. Este mes, le contesté, se dará una "epidemia" que raya en lo comercial. Y aunque haya colegas que quieran aparentar ser críticos incisivos, pero que terminan por endulzarse, cual modositos, en preguntas que gustan al interlocutor y caer en defensores de un papel que, como "periodistas", no les corresponde, el campamentitis debe, en lo general, cambiar de estigma y buscar ser más profundo en sus objetivos trazados.

Aun así y en espera de no caer en una incongruencia, la clínica que impartirán Llamas, Silva y Tomás Canizález promete. ¡Ajúa!

¿Se extingue? La cancha Germán Évers (¿o auditorio?) vuelve a ser tema. Desde ya, la Dirección Municipal del Deporte (perdón: el rimbombante Instituto Municipal del Deporte) ha dejado de ser su administradora y cedido tal jurisdicción a Oficialía Mayor, que, según la medida feltonista, se encargará de programar incluso los roles de juegos –si es que su uso se autoriza– de torneos caseros. Es decir, los promotores o dirigentes que quieran hacer eventos en el coso de la Zaragoza deberán ir con "Chava" Reynosa –titular de Oficialía– y no con la (glamorosa) jefa del deporte, Mónica Coppel.

A tal miopía se ha llegado en esta administración y la norma ya tuvo sus repercusiones: una marcha contra la medida el 12 de julio.

No solo han sido "damnificados" los promotores del espectáculo profesional de box y lucha libre que, ante la prohibición, debieron ir a otras arenas, sino los organizadores de competiciones amateurs. Irónico que, siendo de lo mejorcito que hay, tengan que cerrarla.