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* ¿Se atreverá Peña Nieto?

CAMPOS ELÍSEOS

El gobierno de Enrique Peña Nieto podría definir por estos días su paso a la historia en un contexto en el que la popularidad del presidente no sube ni con la captura de "El Chapo" Guzmán… más que tres minúsculos puntos.

Ayer se levantaron los panistas de la mesa de la negociación de las leyes secundarias de la Reforma Energética por el caso Oceanografía (y porque las leyes se están "diluyendo", sí, ajá), ¿qué va a hacer?

El tiempo corre. La "ronda cero" —donde Pemex tendría que decir en qué yacimientos lleva mano para explorar—debería ser definida en días: el 21 de marzo.

Hay básicamente de dos sopas: ceder y ocultar —elegantemente— el ya imparable caso de corrupción de Oceanografía, tragarse ese sapo… o combatirlo. Los dos tienen sus pros y contras.

Por combatir a Oceanografía

Ir en serio por los posibles corruptos pero también por sus corruptores (empresarios favoritos del PAN, ligados ahora más a la administración de Felipe Calderón y también a funcionarios y exfuncionarios de Pemex) daría la señal de que en el país va en serio el combate a la corrupción, gran pendiente. Se calcula que 2 de cada 10 pesos de Pemex se va en eso.

¿Recuerda que la primera iniciativa presentada por EPN fue metamorfosear la Secretaría de la Función Pública en una Comisión Nacional Anti-Corrupción? Reafirmaría que en serio el presidente no se detendrá para ejercer el poder… que Emilio Lozoya va a hacer lo suficiente para no seguir "heredando" la corrupción, como ha dicho.

Limpiar fortalecería la casa para competir, en serio, a nivel mundial con otras empresas y no mandarla a un ring en el que está, como hoy, mal alimentada y debilitada.

Incluiría saber que el caso de Mario Ávila Lizárraga puede ser la punta del iceberg; hacer algo con el sindicato de Pemex que hasta la reforma era sindicato, era patrón (por estar en el consejo, del cual lo sacaron) pero también proveedor. Carlos Romero Deschamps ha sido fiel al PRI y es su actual senador, pero pueden tenderle un puente de plata.

Claro, implica parar un poco. Dar un golpe en la mesa y no poner en riesgo la Reforma que podría dar dinero a los mexicanos (lo más pedido por sobre la seguridad, diría Clinton 'It's the economy, stupid'); dar seguridad a inversionistas extranjeros y nacionales más porque involucró un fraude a Citigroup-Banamex.

Podría ayudar a Gustavo Madero ahorita (aunque a la larga embarra a todo el PAN) a ostentarse, tras los "moches", en la opción menos corrupta. Más porque Luis Videgaray ha dicho que de Oceanografía tenía datos el IMSS, Infonavit y el SAT (cuando secretario de Hacienda fue… Ernesto Cordero).

Por hacer como que se combate Oceanografía

Conjugación del verbo simular. Hacer en la PGR una Fiscalía especializada en delitos de corrupción (que acaba de nacer anteayer vía un decreto en el Diario Oficial) y que siga la tradición de esas "fiscalías": no hacen nada.

Así dicen que sí van por todos en Oceanografía, pero en realidad se hacen ojo de hormiga. No barren, sino que echan la corrupción debajo del tapete. Los panistas dicen que se investigó, lo festejan hasta como un éxito de EPN, sabiendo que en realidad se salvaron y regresan a hacer las leyes secundarias que no salen sin ellos.

Todos se felicitan porque cumplieron "en tiempo y forma" los plazos terribles impuestos por la Reforma Energética… y votados por ellos mismos.

No se toca a nadie en Pemex, o si acaso a alguien por ahí para que no digan y continúa Romero Deschamps: ya vieron lo que pasó con Elba Esther. Es mejor entenderse con un súper cacique (que en su sindicato lo quieren y mucho) a lidiar con 20 caciquitos.

Pemex tiene menos posibilidades de competir; se posiciona dentro del gobierno la visión de Hacienda que la paraestatal siga siendo ubre del Estado y no que tenga verdadera autonomía de gestión.

Se podría poner en peligro la Reforma Energética a largo plazo, la gran bandera de EPN… y en unos años el PRD —y Morena y los partidos de izquierda— podría decir que siempre tuvo la razón. Porque se fortalecería —y quizá con el tiempo comprobaría—que es verdad que los contratos se los van a repartir entre los mismos. Quizá hasta algunos actuales funcionarios que la impulsan.

Pero en toda esta revolución petrolera hay dos personajes que no hemos visto, al menos físicamente: Javier Rodríguez Borgio (¿dónde está estrenando casita de casi 4 millones de euros?) y Mario Alberto Ávila Lizárraga (pregunten en el Senado). Algunas coordenadas para ubicarlos están en la edición on line de esta columna.

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