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* Transmitir la alegría de la fe * La luz de la fe (IX)

LA VOZ DEL PAPA

1) Para saber. El papa Francisco nos invita a transmitir la fe que, como bautizados, estamos llamados a compartir. La alegría de la fe no puede retenerse solo para uno mismo, es preciso transmitirla. Así como en la liturgia pascual la luz del cirio enciende otras muchas velas, de esa manera también la fe se transmite, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama. Ha sido una cadena ininterrumpida de testimonios que se remontan hasta la vida de Jesús como nos ha llegado conocer su rostro. Nosotros somos el último eslabón de esa cadena y nos corresponde transmitirlo a las próximas generaciones que son los siguientes eslabones.

2) Para pensar. Es importante tener conciencia del bien que se hace al compartir la fe. El papa Francisco ha dicho que hemos de hacerlo atrayendo hacia la fe. Contaba una persona que le interesaba que su amigo se acercara más a Dios, pues tenía mucho tiempo que ya no vivía su fe. Un día que caminaba con su amigo frente a una iglesia lo invitó para hacerle una visita al Santísimo. Su amigo se puso un poco nervioso y le contestó que mejor lo esperaba afuera, que no quería entrar. Al salir, el amigo le dijo con tono algo burlón: "¿Y qué te ha dicho el Santísimo?" El otro le contestó: "Sí, me dijo que te espera". El amigo se quedó serió y pretendió no darle importancia, pero no se le quitaba de la mente que el Señor lo esperaba. Y, en efecto, después de un tiempo esa idea fue consolidándose y le llevó a confesarse y reiniciar su vida de trato con Dios.

El Señor se vale a veces de una frase, de un gesto, para que como una semilla vaya creciendo hasta producir fruto en el alma.

3) Para vivir. Quien cree nunca está solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegría. Es maravilloso que el Señor cuente con cada uno para seguir transmitiendo la fe y alegría. Tertuliano lo ha expresado diciendo que los bautizados son recibidos en la casa de la Madre para alzar las manos y rezar, junto a los hermanos, el Padrenuestro, como signo de su pertenencia a una nueva familia.

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