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* Un gitano mártir de la fe * La luz de la fe (y XVI)

LA VOZ DEL PAPA

1) Para saber. Con este artículo terminamos de considerar la encíclica del papa Francisco La luz de la fe, cuyo último apartado lo dedica a la Santísima Virgen María, que es la persona que mejor ha vivido su fe. Nos dice el Papa que a la Virgen María acogió con todo su corazón noble y generoso la Palabra de Dios. María, al creer, se llena de gran alegría, y recita el llamado "Magnificat", -se llama así por su primera palabra en latín-: "Mi alma glorifica al Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador".

2) Para pensar. El 4 de mayo de 1997 fue beatificado un gitano llamado Ceferino Giménez, conocido más por su apodo: "El Pelé". Este gitano murió por ser fiel a su fe. Fue un hombre honrado y buen cristiano. Asistía a diario a la santa misa y en su hogar se rezaba el rosario todos los días. Al empezar la Guerra Civil en España, presenció cómo violentamente muchos hombres apresaban a un sacerdote. Indignado exclamó: "¡Válgame la Virgen! Tantos hombres contra uno solo, y además es inocente". Eso fue suficiente para que lo detuvieran. Al encontrarle un rosario en la bolsa lo encarcelaron para juzgarlo. Si afirmaba su fe, sería fusilado. En el comité había un hombre que admiraba su honradez le recomendó, para salvarle la vida, que disimulara su fe. Pero "El Pelé" no aceptó el consejo y fue fusilado con varios sacerdotes, religiosos y lacos. Murió gritando: "¡Viva Cristo Rey!".

3) Para vivir. El Papa termina su encíclica dirigiendo a la Virgen una oración de petición que podemos hacer nuestra: Abre nuestro oído a la Palabra para que reconozcamos la voz "¡Madre, ayuda nuestra fe! de Dios y su llamada… sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, nuestra fe es llamada a crecer y madurar. Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado. Recuérdanos que quien cree no está nunca solo. Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz y que esta luz crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro en nuestro camino. Y que esta luz crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor".

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