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* ¿Vemos las cosas como Dios? * El Don de Sabiduría

LA VOZ DEL PAPA

1) Para saber. El Papa Francisco habló recientemente del Don de Sabiduría. Nos aclaró que no se trata de un conocimiento humano donde vemos las cosas según nuestro gusto, envidia o egoísmo. Por eso necesitamos de este don que nos permite poder ver las situaciones, los problemas, con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios. La persona que tiene este don no es que tenga una respuesta para cada cosa, sino que sabe cuándo una cosa es de Dios y cuándo no es de Dios.

2) Para pensar. Suele decirse, y con razón, que sabe más una viejecita no muy instruida, pero con fe que sabe que Dios existe y es su Padre, que un gran científico que no cree en Dios. Ello es así porque la viejecita conoce las verdades más fundamentales sobre la realidad, mientras que el científico tiene sólo una parte del saber y no el más importante. A ello se refería nuestro Señor Jesucristo cuando exclamaba: "Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25). Cuando alguien muestra cierto aburrimiento ante las cosas de Dios, es posible que necesite esforzarse por acercarse más a Él: confesarse y comulgar con más frecuencia. La unión con Dios le hará "saborear" las cosas divinas y no sólo saberlas teóricamente. Pensemos cómo es nuestro gusto por las cosas divinas, para saber cuánto nos falta acercarnos a Dios.

3) Para vivir. Dice el Papa Francisco que si escuchamos y tratamos al Espíritu Santo, nos enseñará a ver con los ojos de Dios, escuchar con las "orejas" de Dios, amar con el corazón de Dios. Esa sabiduría se palpa cuando una madre le reconviene dulcemente y explica con paciencia a su hijo el por qué su proceder no fue correcto. O cuando el esposo y la esposa después de discutir deciden hacer las paces y vuelven a empezar de nuevo en paz… Eso es el don de la sabiduría con el cual construimos la familia, construimos la Iglesia, y todos nos santificamos. Pidámosle este don a la Virgen, quien es la Sede de la Sabiduría.

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