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* Vigentes propuestas democráticas de Paz * 1968: crisis sistémica todavía sin solución

INDICADOR POLÍTICO

Si el México del 2014 es hijo del México 68, entonces la larga transición política de México se ha quedado estancada en las miniconcesiones o se ha desviado del objetivo de instauración de la democracia real.

Y si por oportunidades no paramos, las celebraciones del centenario del natalicio de Octavio Paz fueron otra posibilidad que se extravió en esa capacidad de control cultural del sistema político priista: se habló hasta el cansancio del Paz poeta.

Por eso vale la pena rescatar las críticas de Paz al sistema político priísta y sus planteamientos de cambios democráticos. En Posdata Paz escribió argumentos aún válidos:

--El régimen mostró (en 1968) que no podía ni quería hacer un examen de conciencia; ahora bien, sin crítica, y sobre todo sin autocrítica, no hay posibilidad de cambio.

--La característica fundamental de la situación contemporánea: la existencia de dos Méxicos, uno moderno y otro subdesarrollado. Esta dualidad es el resultado de la Revolución y del desarrollo que la siguió.

--El dilema se presenta así: o el México desarrollado absorbe e integra al otro México o el México subdesarrollado, por el mero peso muerto del crecimiento demográfico, terminará por estrangular al México desarrollado.

--Tres conclusiones se desprenden de mi análisis (en el capítulo "El desarrollo y otros espejismos"): en primer término, la crisis de México es una consecuencia del cambio en la estructura social y de la aparición de nuevas clases, es una crisis del México desarrollado; en segundo lugar, sólo una solución democrática permitirás que se plateen los graves problemas del país, en especial el de la integración del México subdesarrollado o marginal, u que se adopte la política en verdad nacional; por último, si el régimen impidiese la solución democrática, el resultado no sería el status quo sino una situación de inmovilidad forzada que terminaría por provocar una explosión y laceraría en el cielo de la anarquía a la dictadura.

--No faltará quien advierta que en este esquema no aparece la otra solución: la solución revolucionaria. (…) La revolución no es un resultado del desarrollo sino un método para acelerarlo. Ahora bien, todas esas revoluciones, de la rusa a la mexicana, internacionalistas o nacionalistas, degeneran en regímenes burocráticos más o menos paternalistas y opresores.

--Podemos decirle algo a ese futuro que en alguna parte construyen unos muchachos apasionados y terribles: toda revolución sin pensamiento crítico, sin libertad para contradecir al poderoso y sin la posibilidad de sustituir pacíficamente a un gobernante por otro, es una revolución que se derrota a sí misma. Un fraude.

--Hay que renunciar definitivamente a las tendencias autoritarias de la tradición revolucionaria, especialista de su rama marxista. Al mismo tiempo, hay que romper los monopolios contemporáneos --sean del Estado, los partidos o el capitalismo privado-- y encontrar formas, nuevas y realmente efectivas, de control democrático y popular lo mismo del poder político y económico que de los medios de información y de la educación.

--Una sociedad plural, sin mayorías ni minorías: en mi utopía política no todos somos felices pero, al menos, todos somos responsables. Sobre todo y ante todo: debemos concebir modelos de desarrollo viables y menos inhumanos, costosos e insensatos que los actuales.

--El Estado no es tanto la expresión de la clase dominante, al menos en su origen, sino que ésta es el resultado de la acción del Estado. A esta circunstancia agrego otra: la existencia del PRI como una organización burocrático-política relativamente autónoma y que comprende a las burocracias de las organizaciones obreras y campesinas.

--El PRI está incrustado en el capitalismo mexicano pero no es el capitalismo mexicano.

No hay margen de independencia entre el sector privado y el público, sino que el PRI conserva considerable autonomía, La izquierda oficial, el sector técnico dentro del gobierno y muchos grupos de intelectuales han especulado con la posibilidad de que el gobierno, valiéndose precisamente de la fuerza del PRI y de los sectores populares que domina, se enfrente algún día a la iniciativa privada. Me parece que el 2 de octubre disipó esas esperanzas.

--Para enfrentarse a los banqueros y financiero, el PRI necesita primero recobrar su ascendencia entre las clases populares y para ello debería transformarse y democratizarse, algo que no puede ni quiere hacer. Por otra parte, como el Partido empieza a mostrar una alarmante incapacidad para absorber o siquiera desviar las frecuentes oleadas de inconformidad y de descontento, el sector privado sentirá la tentación de deshacerse del PRI. Aquí reaparece la doble alternativa en que termina todo el análisis de la presente situación mexicana: democracia o dictadura.

De ese Paz no quisieron hablar el PRI, el PAN y el PRD, aunque es el Paz que sigue latente y a la espera de que los jóvenes lo busquen.

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