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* Y, sin embargo, sigue... *Los ausentes del Triatlón

AMANECER DEPORTIVO

Contra los magros vaticinios y la canícula de los mil demonios que se ensañó bárbaramente en la inédita fecha veraniega, el Triatlón Pacífico disputó ayer una edición más, ni mejor ni peor.

Aún sin la presencia de atletas élites -esos que le habrían dado una vistosidad y atracción mayores-, el comité organizador debe estar ahorita complaciente, obsequioso y hasta festivo (muestra de ello es el agasajo que paladeó en La Puntilla el que se supone es el director técnico y que muy displicente se vio, Francisco Ayala) en tanto no venga la cruda realidad y el análisis de qué hay que mejorar.

Caracterizada más por la cantidad que por la calidad -sin demeritar a los esforzados competidores que se enfrentaron a las abrasadoras condiciones climáticas y cumplieron con determinación los tres trayectos-, la competición, sin embargo, no llenó las expectativas.

La ausencia de triatlonistas con talla mundial marcó un antes y un después. Desde 2006, cuando se realizó la Copa ITU y proyectó al puerto a escalas que lo puso en las cuernos de la luna, la prueba ha carecido de un brillo adicional que acabe por detonarlo.

Mucho se dice que es altísima la inversión que Grupo Modelo tendría que hacer para regresarlo a lo que hace ocho años fue. "Son muchas cosas", me dijo en corto el (aún escurridizo) presidente del comité organizador, Ismael Barros, cuando le pregunté sobre los escenarios escabrosos que envuelve la fiesta.

El Pacífico, le dije, ha llegado a una consolidación madura que puede ser ya vendible, autofinanciable, sostenido por muchos.

¿Qué ha pasado, entonces, con un prestigio venido a la baja? "Son muchas cosas", me recalcó.

Lo cierto es que el triatlón continuará y no habrá quién lo detenga. Sin la fuerza que todos desearan ni el plus de esa calidad que marca un antes y un después, el certamen seguirá siendo patrimonio del mazatleco. Y que, contra viento y marea, llegó para quedarse. ¡Ajúa!

Los que brillaron...por su ausencia. No se sabe si por la agenda que muchos veces está apretada o por otro motivo, pero ya son varias veces en que el "góber bailarín" ha dejado de venir al Pacífico, como volvió a ocurrir ayer.

El mandatario Mario López Valdez dejó solo al alcalde "pedalista", Carlos Felton, quien no solo apadrinó la candente prueba, sino que hasta se aventó la puntada de entrar a bordo de la fase ciclista.

Encabezado por el mismo Felton, el "relevo presidencial" fue completado en la natación por el adiposo Martín Zúñiga y el semiretirado atleta Gonzalo Magallanes, quien cubrió la pedestre. Ambos son policías de la administración municipal.

Otro que no vino fue el presidente de la Federación Mexicana, Jaime Cadaval, desanimado quizá por no haber esta vez puntuación de atletas élites rumbo a citas selectivas internacionales y en su lugar envió a uno de los suyos, Esteban Ramírez.

Y, aunque sí estuvo, a Francisco Ayala -el ¿director técnico?- se le vio muy ausente y distante. A diferencia de 2013, se desmarcó de la organización y dejó que otros, como Barros, hicieran la talacha abajo. Eso sí: muy orondo se le vio más tarde en La Puntilla en una francachela, despreocupado por los vaivenes que el triatleta sufrió en plena competición.

En cambio muy activos, pero desde la impenetrable zona VIP y sin bajarse del estrado, estuvieron la glamorosa Mónica Coppel -la jefa del famoso y rimbombante Instituto Municipal del Deporte- y Esperanza Kasuga, expresidenta -aunque aún con un mando de ultrapoderes- del (VIP) Centro Deportivo y Recreativo Benito Juárez.

También vino a apadrinar Vicente Urías -casi nadie en el ISDE, a la sazón director-, el mochitense que, en una entrevista amablemente concedida, soltó prenda con eventos internacionales para Mazatlán entre 2015 y 2015, los dos últimos años de la actual administración estatal.

El Pacífico, pues, contó con políticos de tutifruti.