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Opinión

11 de septiembre patriótico

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Por: José Antonio Crespo

Estamos festejando hoy el día en que inició la independencia, pero el puente que disfrutamos – la mayoría, al menos-, en estricto sentido debió iniciar el jueves pasado, 11 de septiembre. La mayoría recuerda en esa fecha el ataque contra las torres gemelas de Nueva York, de 2001, y algunos rememoran el golpe de Estado en Chile, en 1973. Pero prácticamente nadie – salvo algunos historiadores aislados – recuerdan la consolidación de la Independencia de México. No me refiero a la consumación, ocurrida el 27 de septiembre de 1821, encabezada por Agustín de Iturbide, sino el día en que fuerzas mexicanas derrotaron el intento de reconquista española el 11 de septiembre de 1829 (es coincidencia histórica que los tres momentos claves de la Independencia - el inicio, la consumación y la consolidación - hayan ocurrido el mes de septiembre). Nuestro fanatismo histórico ha hecho que releguemos la consumación de la Independencia por haber sido Iturbide un ex realista, y haber salido mal parado como emperador. Pero sin el viraje trigarante de Iturbide, la Independencia hubiera tardado mucho más tiempo. Y es que con la muerte de Morelos, el movimiento insurgente estaba ya prácticamente derrotado (al grado en que Guadalupe Victoria se fue a vivir a una cueva en Veracruz, como auténtico ermitaño, para no acogerse a la amnistía virreinal, cosa que sí hicieron Quintana Roo y Leona Vicario).

Habiéndose logrado la Independencia, quedaba la incógnita de si los españoles intentarían reconquistar México. Había resquemor e incertidumbre al respecto durante esos años. Los españoles bombardearon Veracruz en 1822 desde San Juan de Ulúa, que todavía controlaban. Hubo conjuras de españoles en nuestro suelo – como las del padre Arenas -, lo que detonó la expulsión de los hispanos en 1827. Incluso se pensó en conquistar Cuba, bastión español que era una constante amenaza (con el comodoro norteamericano David Porter como jefe de la armada mexicana). Finalmente, en 1829 llegó a Tampico una expedición española al mando del Brigadier Isidro Barradas, un prestigiado equivalente a Félix Calleja en Sudamérica. La prensa madrileña lo bautizó como "El segundo Cortés". Calculaba Barradas que, dadas las divisiones y cuartelazos de los mexicanos desde la Independencia, muchos mexicanos apoyarían a los españoles para retornar al tranquilo y estable régimen virreinal. Pero si dicha fecha quedó borrada de nuestro calendario cívico es porque el hombre que derrotó a Barradas fue el antihéroe Antonio López de Santa Anna.

Al recibir en Veracruz noticia del desembarco español, don Antonio tomó las fuerzas disponibles, convocó a ciudadanos de Veracruz y Tamaulipas a unirse a su esfuerzo, y llegó frente a las tropas españolas, que ya para entonces, víctimas de las enfermedades tropicales de la época, estaban muy diezmadas. Dice Lorenzo de Zavala que antes que cualquier enfrentamiento, el campamento español "se había convertido en un vasto hospital". Tras algunos enfrentamientos pudo Santa Anna negociar la rendición de Barradas, que en España fue acusado de traición por ello (por lo cual se autoexilió). Un periódico de la época escribió, celebrando nuestra victoria, que "Si Barradas quiso ser un segundo Cortés, Santa Anna ha vengado a Moctezuma".

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Quizá ahora, por influjo de la historia oficial, minimicemos ese acontecimiento, pero marcaba nada menos que la consolidación de la Independencia que por entonces no estaba garantizada. Pocas victorias internacionales tuvimos como para escatimarlas. Curiosamente, fue ese suceso el que inspiró el himno nacional, que seguimos cantando en la ignorancia. El triunfo, en todo caso, no fue sólo de Santa Anna sino – aunque suene demagógico – de los tamaulipecos y veracruzanos que, sin ser militares, se sumaron a la defensa. Y el segundo de a bordo fue el general Manuel Mier y Terán, al que también se le arrebató ese lauro por borrar a Santa Anna. Eliminar esa fecha del calendario cívico es tirar al niño con todo y agua sucia (algo propio, eso sí, de nuestra cultura).

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