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150 mujeres

"En esta ocasión escogimos Puebla, porque es una ciudad segura. Porque la ciudad es bellísima, la comida es deliciosa y su historia es fundamental para entender este país. Y porque queremos que las mujeres poblanas empiecen organizar sus propios 'clubs' y así poder pertenecer a la Federación de Mujeres Profesionistas y de Negocios de México, A.C", dijo Marcela Espinosa Castro, presidenta del Club La Florida y anfitriona de 150 mujeres venidas de todas partes de la República miembros de la Federación. El pódium de la rueda de prensa estaba instalado en la terraza del hipermoderno museo Amparo, remodelado por Enrique Norten. A nuestras espaldas se apreciaban, en medio de un cielo azul añil, el domo del Altar de los Reyes y la torre de la Catedral. Desde mi lugar, veía a lo lejos una enorme exhalación el Popo, mientras que la princesa Iztaccíhuatl, toda cubierta de nieve, seguía dormida. El espectáculo era majestuoso. Estaba feliz de encontrarme en las alturas de esa maravillosa ciudad trazada por los ángeles, ahí me enteré que la comida del viernes será en el patio de Talavera Uriarte.

"Estoy aquí porque creo en las mujeres mexicanas, especialmente en aquellas que mueren por comprometerse con su país. Estoy aquí porque, en estos momentos, México está muy necesitado de ciudadanas como ustedes que se saben organizar y porque desean dejarles un mejor país a las nuevas generaciones de mujeres. Y por último, estoy aquí porque quiero mucho a Puebla, donde un 5 de mayo de 1862 pelearon mis antepasados para defenderse del invasor y por un proyecto de nación", así les dije, emocionada, al dirigirme a un buen grupo de empresarias felices por estar celebrando su XLV Congreso Nacional.

La Federación de Mujeres Profesionistas y de Negocios fue fundada el 7 de agosto de 1955, en la ciudad de Tijuana, Baja California. El primero en formarse, en México y en América Latina, fue el club Tijuana, en 1948. Tres años después se instituían otros clubs en Ensenada y Mexicali. Actualmente, el club cuenta con tres federaciones estatales, una en la Ciudad de México y un par más en otros estados. En suma, cuentan con 22 clubs en toda la República. Sus objetivos son claros y muy precisos: elevar el nivel cultural, moral y material de la mujer, con el fin de utilizar todas sus capacidades en beneficio de otras mujeres. Otra de sus consignas consiste en "hacer conciencia de las responsabilidades sociales para el bienestar común". La Federación cuenta también con un programa de becas y de atención primaria para la salud. Otro de sus fines es crear puentes con otras asociaciones afines. "Trabajar en conjunto para tener mayor fuerza y representatividad, mediante convenios de colaboración, con autoridades gubernamentales e instituciones privadas y oficiales".

Mejor proyecto no podía existir, especialmente para las mujeres de una cierta edad (la mía), es decir, aquellas que ya cumplieron con su deber como esposas, madres y abuelas activas. Las 150 activistas, con sus delegadas, presidentes, organizadoras y yo, nos encontramos alojadas en el mismo hotel Quinta Real, un ex convento del siglo XVIII. Cuando las veo, en grupitos de seis u ocho mujeres, desayunando o comiendo en el enorme patio rodeado por arcos pintados estilo colonial, siento deseos de instalarme en algunas de las mesas, y preguntarles por sus vidas. Cuántas de ellas no se han de haber disputado con su marido por dedicarle tanto tiempo a los "clubs", o bien porque por estar revisando nuevos estatutos de la Federación se les olvidó pasar al súper. Lo que más me llama la atención, sobre todo en un país misógino y machista, de estas ciudadanas tan inquietas es que su edad oscila entre 55 y 75 años. Tal vez tuvieron que pasar muchos años antes de ver su sueño realizado como mujeres empresarias e independientes. Todas trabajan y a todas las une una misma meta: no rendirse, no cruzarse de brazos y luchar por un proyecto de realización personal. Tener una abuela así es un ejemplo formidable para los nietos, pero sobre todo para las nietas.

En uno de los "clubs" políticos que solía organizar Antonieta Rivas Mercado, en 1929, en diferentes casas de mujeres que deseaban apoyar la campaña de José Vasconcelos, una de las oradoras, Zenaida Jiménez, dijo: "(...) debido a la elección presidencial, conmoción que llega a los hogares y toca nuestros corazones de mujer, nosotras que sentimos patriotismo con la misma intensidad que los hombres, pensamos que es conveniente unificar nuestra opinión para ayudar a nuestros hombres en este momento histórico".

Ochenta y cinco años después de los "clubs" de Rivas Mercado, las ciudadanas de la Federación de las Mujeres Profesionistas y de Negocios de México, AC, ya unificaron su opinión no para ayudar a sus hombres, sino para ayudar a su país, ayudándose a sí mismas.

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