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20 años de cambio

El 1 de enero de 1994 México despertó a dos sucesos que marcarían el rumbo del país durante los siguientes 20 años y ayudarían a transformarlo profundamente. El primero fue el TLCAN, que entró en vigor ese día como resultado de largas negociaciones para insertar a México en la creciente globalización económica. El segundo fue el levantamiento zapatista, un movimiento popular en Chiapas que generó gran simpatía entre los mexicanos por sus demandas para la participación democrática y la inclusión social.

En ese momento, estas dos decisiones, una tomada por políticos en la capital y la otra por campesinos indígenas en el sureste del país, parecían irreconciliables. Una asumía que el país tendría que cambiar los fundamentos de su economía y crecer antes de democratizarse; la otra que el país tendría que democratizar el espacio público antes de decidir su rumbo económico. Sin embargo, 20 años después, es claro que ambos sucesos fueron clave para transformar a México, aún si esta transformación sigue siendo incompleta y quedando corta a las expectativas de muchos mexicanos. Tanto los cambios en el ámbito económico, que han dado un fundamento más sólido al país y empezado a generar crecimiento, como los del ámbito político, que han dado una voz a los ciudadanos en las decisiones y generado una política pública más incluyente, han sido vitales para el México de hoy.

En este periodo el PIB per cápita de México ha incrementado 30% en términos reales, y el nivel educativo en 50%, según cifras del PNUD. En cifras oficiales, casi todos los mexicanos ya tienen acceso formal a servicios de salud y las expectativas de vida han subido de 72 a 77 años, sólo dos menos que en EU, mientras la tasa de mortalidad infantil ha bajado en más de 60%, según cifras del Banco Mundial.

Pero si bien México es una sociedad transformada, estos cambios aún quedan muy cortos de las expectativas de la mayoría de los mexicanos, y con justa razón. El crecimiento económico es real, pero menos que otros países emergentes como Brasil o India, y los avances son amenazados constantemente por las crisis económicas globales. Si bien el acceso a la educación ha incrementado significativamente, su calidad sigue siendo un pendiente crítico. Sin duda, las elecciones son competitivas y los políticos tienen, como nunca antes, que responder a las demandas cívicas y rendir cuentas en público, pero también persisten los cacicazgos, el clientelismo y la corrupción como parte del escenario. Y a 20 años del levantamiento en Chiapas, los pueblos indígenas siguen siendo consistentemente marginados en lo social y económico.

En una sola generación no se resuelven los problemas que aquejan a una nación y los avances aparentes muchas veces encierren contradicciones y claroscuros. Sin embargo, el balance de los cambios es positivo, a pesar de sus muchos problemas. Reconozco que visto desde adentro estos cambios son lentos, contradictorios e insuficientes. Pero visto desde afuera México hoy es un país completamente distinto que hace una generación, y ya tiene las capacidades de hacer frente a los desafíos que quedan.

No sabemos dónde estará el país en 20 años más, y seguramente muchos de los problemas quedarán sin resolverse, pero tengo la confianza de que México será un país más próspero, incluyente y democrático, y con todos esos, también jugará y debería jugar un papel cada vez más importante e influyente en el escenario global.

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