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2013; Revisión política

Al culminar el primer año del gobierno de Enrique Peña Nieto, el balance es un tanto ambivalente. 1) El Pacto por México difícilmente dará ya más de sí. Desde luego, PAN y PRI todavía podrían sacar propuestas pendientes, que son cerca del 75 % de lo planteado originalmente. Y el PRD, que hubo de levantarse de la mesa debido a la reforma energética, hace malabarismos retóricos para regresar a ella. Hasta ahora los logros del Pacto no son menores, pues en primer término, antes de brindar resultados concretos fue tomado como una señal de que el PRI estaba consciente de que no podría gobernar como en sus buenos tiempos de hegemonía, y se abría a las propuestas de la oposición para instrumentar un vasto programa de reformas. Es cierto que, como muchos advirtieron, el riesgo del Pacto era tratar de sacar todo por consenso con lo cual la profundidad y densidad de las reformas se podría perder en buena medida. Parecía que el consenso se convertía, no en un medio de negociación política, sino un fin en sí mismo.

2) Se aprobaron importantes reformas constitucionales en materia de educación, telecomunicaciones, finanzas, transparencia y energía, pero falta por ver cómo aterrizan en las legislaciones secundarias. Por ejemplo, en materia educativa no iba tan mal la cosa, pero los movimientos magisteriales han venido desvirtuando sus principales logros, y probablemente lograrán entorpecer su adecuada aplicación, como ya se empezó a ver en distintos estados. Si otro tanto ocurre con las demás reformas, como no sería raro que sucediera, entonces éstas terminaran en fuego fatuo, algo recurrente en nuestra historia nacional.

3) En materia hacendaria el gobierno decidió sacrificar su propio proyecto, que apuntaba a incrementar significativamente la recaudación, ampliando la base de contribuyentes por vía de impuesto al consumo, por lo que casi todos los especialistas la definieron como una miscelánea fiscal, inspirada en las propuestas de la izquierda, y que no resolverá de fondo el problema. No pasará mucho tiempo antes de que se abra de nuevo ese expediente.

4) Dicha decisión pareció más motivada por una racionalidad política que económica, pues se prefirió apostar todo a la reforma energética, y se quiso paliar la unidad y oposición de la izquierda para confrontarla. El costo parece ser el alejamiento de importantes sectores sociales que habían apostado por Peña Nieto, y que quedaron molestos y decepcionados con esta reforma. Y como la izquierda tampoco le reconoció el gesto de haberle dado por su lado, entonces quizá el saldo político de esta decisión sea negativo.

5) La carta fuerte de Peña era, desde luego, la reforma energética, a la cual el PAN condicionó su respaldo en el Congreso, no a la reforma hacendaria, como debió hacerlo, sino a una reforma político–electoral con un avance significativo, la reelección legislativa – aunque con candados sospechosos-, pero también con nuevos lastres que más bien complicarán los comicios en lugar de agilizarlos y clarificarlos.

6) Y en materia de seguridad, no ha quedado clara la diferencia de la estrategia del gobierno actual respecto de la de Felipe Calderón. Y ya se sabe, de medidas iguales difícilmente surgen resultados distintos. La violencia no termina por descender, por más que las cifras oficiales así lo sugieran, pero ni siquiera está claro que los criterios de contabilización sean los mismos utilizados en el sexenio anterior, lo que genera confusión y sensación de engaño. El diario Z calcula a los muertos en 19 mil (en todo el sexenio de Fox hubo 9,000). Más bien parecería que las cosas se han complicado, en lugar de haber mejorado; los grupos de autodefensa se multiplican y tienden a salirse del control, lo que mina aún más el monopolio estatal de la fuerza legítima. En Michoacán, emblemáticamente el estado con que Calderón inauguró su estrategia, las cosas van de mal en peor al grado de haberse perdido casi por completo la gobernabilidad.

7) Tampoco ha habido el combate frontal a la corrupción y la impunidad que prometió Peña Nieto ante el fiasco del PAN en el mismo terreno. La aprehensión de la maestra Gordillo terminó siendo una golondrina que no hizo verano, como ocurría en los buenos tiempos del PRI. Tal parece que sin la corrupción, el sistema político simple y sencillamente no puede funcionar. Ese es el déficit de legitimidad que se refleja en menores tasas de apoyo a la democracia por parte de los ciudadanos. Sigue siendo – a ver por cuánto tiempo más – una asignatura pendiente.