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40 días de lucha cuerpo a cuerpo

COMALLI

«Fue la esclavitud lo que permitió a Platón especular sobre la república ideal, y fue la guerra lo que trajo la esclavitud. No en vano es Atenea la diosa de la guerra y de la ciencia. Pero ¿será menester repetir una vez más estas verdades tan obvias, mil veces desatendidas y que otras mil veces vuelven a renacer?» Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, 1913. «Tenemos que deshacernos de los ídolos. El diablo, para sacar a Jesús del camino de la cruz, le presenta falsas esperanzas mesiánicas: el bienestar económico, indicado por la posibilidad de transformar las piedras en pan; el estilo espectacular y milagroso, y por último, el camino más breve para llegar al poder a cambio de un acto de adoración al Diablo» Papa Francisco al retirarse a orar. Al oeste de Jericó, en el monte de la cuarentena (Djebel Kuruntul) la tradición coloca a Jesús en su batalla más dramática, la lucha cuerpo a cuerpo con el Diablo. Aquí los extremos se tocan aunque no lo podamos entender, al fin, la arrogancia científica prefiere ignorar todo aquello que no puede ser digerido por su estómago o por su logos. Imposible tratar en este espacio sobre el Diablo y si alcanzaran los caracteres, sería "escandaloso". En esta época de cuaresma, de meditación, ayuno y oración, los tres cuestionamientos que el Diablo plantea a Jesús, tocan la llaga profunda de lo que nos estamos jugando con la globalización. Deshacernos de los ídolos, sobre todo del "bienestar económico", parece punto que imposible. Porque para Satanás, como para todos los hombres de todos los tiempos, el pan (entiéndase el dinero, el placer, el paraíso en la tierra) no sólo es lo primero, sino realmente lo único importante. Jesús es un transformador social, sabe que, incluso gratis, el poder corrompe. Jesús nos enseña que la salvación no puede llegar soportada en la riqueza, la fuerza y el poder. La realidad de hoy es apenas el prólogo de una vida digna, justa y equitativa. «Si Satanás esperaba milagros, los encontró, pero mucho más serios que convertir piedras en panes o que arrojarse por un precipicio» José Luis Martín Descalzo. ¡Sigamos orando!

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