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400 años de recuerdos

DESDE LA CONFRATERNIDAD

"Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas" (Miguel de Cervantes). Escribir me ha dado grandes satisfacciones. Me ha permitido dedicar algunos minutos para recordar anécdotas y amigos de la infancia, de la adolescencia y de la juventud; me ha llevado por las calles, callejones y recovecos del pueblo que me vio nacer. Me ha otorgado la oportunidad de escuchar las felicitaciones, muy pocas, y las críticas, al mayoreo, por lo que me atrevo a narrar, de quien nunca me imaginé se molestaría en leer mis artículos. Todo ello paga con creces la osadía de escribir sin tener los conocimientos para ello. Dentro de este contexto, el pasado jueves 13 de febrero recibí la invitación para compartir una sabrosa taza de café en el Hotel Davimar, de cuatro grandes y distinguidos guamuchilenses. Queremos compartir contigo nuestras experiencias, señalarte algunas diferencias de tiempo y ubicación del contenido de tus artículos, me dijeron. Fijada la cita para las 11:00 de la mañana, salí de Culiacán con el tiempo suficiente para cumplir con el compromiso. En el trayecto me preparé mentalmente para dar respuesta a los cuestionamientos que veía venir e imaginar los que pudieran sorprender. Sin embargo, nada fue como lo presumí; una cálida recepción, un ambiente de amistad y de confianza, cambió de inmediato mi percepción inicial. Un tsunami de anécdotas, de datos y personajes de Guamúchil se me vinieron encima, arrollando mi desvencijada memoria. 400 años de recuerdos inundaron mi cabeza. ¿Te acuerdas de Quintanón?, me cuestionaban. El Cine Royal no fue el primer cine de Guamúchil. ¿Qué sabes de la historia del Hotel Sudpacífico? ¿Cómo se llamaba el mudo elotero que se instalaba frente a la plazuela? El tren Olivo pasó por Guamúchil con un gran escándalo y el presidente ni siquiera se asomó a saludar. Recién estrenadas las películas La Feria de las Flores y El Ametralladora, Pedro Infante vino a Guamúchil y visitó la iglesia, a la que le prometió una campana, que nunca llegó. ¿Recuerdas la plazuela llena de pinos salados y sin piso de concreto a su alrededor? ¿Por qué a las instalaciones actuales de los Almacenes Nacionales de Depósito se les llamaba "La Monetaria"? En este tenor de preguntas y respuestas, de narraciones y añoranzas, transcurrió una placentera reunión, en la que sobresalió la sapiencia y agradable estilo de conversar de Efrén Gallardo; el fino sentido del humor y la simpatía de Jorge Aguilar; la sobriedad y formalidad en su trato y comentarios de Eduardo Rodríguez; la amabilidad de Manuel Beltrán y la inteligencia y cortesía de Francisco Peña, y de todos ellos su gran cariño por Guamúchil y su innegable preocupación por el desarrollo y calidad de vida de sus habitantes. Una "quintilla" de personalidades que en un juego de póker sería muy difícil de "matar". Concluida la tertulia, que se alargó por espacio de más de dos horas, y no sin antes disfrutar de unos sabrosos mariscos por el rumbo de la Matamoros, en la grata compañía de mi compadre Raúl Aguilar, regresé a la ciudad de Culiacán cavilando aún sobre la experiencia compartida, con quienes ni por asomo se encuentran estacionados en el pasado. Al contrario, son personas que aprovechan la nostalgia y añoranzas para evocar sentimientos y recuerdos agradables de tiempos felices ya idos; para sonreír e inspirar sensaciones apacibles y positivas. Que ponen al servicio de los jóvenes su experiencia y conocimientos en la búsqueda de una calidad de vida superior. Mi agradecimiento y respeto.

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