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A 18 meses; lo bueno, lo malo y lo feo de Peña

ITINERARIO POLÍTICO

Como se sabe, se cumplen los primeros 18 meses del gobierno de Enrique Peña Nieto, el político que hizo posible lo impensable, la vuelta del PRI al poder presidencial, luego de que el viejo partido fue echado del poder por el PAN, en el año 2000.

Por eso, una vez transcurrido el primer año y medio de la gestión de Peña Nieto, vale una primera evaluación de lo bueno, lo malo y lo feo de un gobierno que arrancó con signos de esperanza para muchos ciudadanos y que, con el paso del tiempo, empieza a provocar caras largas, expresiones de desazón y enojo, sobre todo, por los cuestionables resultados económicos.

LO BUENO

Pero nadie puede negar que lo bueno del aún joven gobierno de Peña Nieto es el golpe de imagen, credibilidad y confianza que junto con el PRD de Los Chuchos y el PAN de Gustavo Madero negoció el PRI de Peña Nieto y que dio como resultado el llamado Pacto por México.

El Pacto se convirtió —a querer o no— en un lanzamiento histórico de la gestión de Peña Nieto. Y es que en ninguna parte del mundo, y menos en México, un partido había regresado al poder con un acuerdo respaldado de la mano de las dos principales fuerzas opositoras. El Pacto, sus objetivos y logros fueron tales, que muy pronto colocaron al gobierno de Peña Nieto como referente global de un gobierno moderno, reformista y parte de una democracia en donde los partidos opositores son propositivos y de primer mundo.

Por eso —y salvo las reformas política, electoral y fiscal—, el paquete reformista alcanzado por el PRI, el PAN y el PRD recibió el respaldo de una mayoría de mexicanos que aplaudió las reformas educativa, de telecomunicaciones, incluso energética, entre muchas otras.

Y es que en el mundo —y entre los mexicanos— se percibe como un acierto que el gobierno de Peña Nieto y los partidos de la derecha y la izquierda hayan promovido buena parte de las reformas que eran urgentes desde hace décadas. Pero no todo es miel sobre hojuelas, ya que si bien el PAN apoya todas las reformas, el PRD rechaza con todo —incluso con una montaña de mentiras— la reforma energética, misma que intenta derribar.

Pero lo bueno del gobierno de Peña Nieto no se queda en el Pacto y las reformas que produjo. No, lo cierto es que la estrategia para el combate a las mafias del crimen y la violencia empieza a dar resultados, no sólo en Michoacán —en donde prácticamente fue exterminada la banda criminal de "Los Templarios"—, sino en la detención de los criminales más buscados, como Joaquín "El Chapo" Guzmán. Sin olvidar que también resulta exitosa la reducción de las escandalosas cifras de secuestro.

LO MALO

Lo malo, sin embargo, es que son insuficientes los mecanismos institucionales del gobierno federal para garantizar la correcta aplicación de las reformas producto del Pacto. El mejor ejemplo es la reforma educativa que, con serias dificultades pasó el obs-táculo de las enmiendas constitucionales, las leyes secundarias, la aprobación de los congresos locales y hasta pasó la prueba de enviar a prisión a Elba Esther Gordillo.

Sin embargo, la reforma educativa no pasó la prueba de la armonización con las leyes estatales. ¿Por qué? Porque las mafias del SNTE y la CNTE mantienen el control de no pocos gobernadores —del PRI, PAN y PRD—, a los que sometieron y literalmente obligaron a matar la reforma. Por eso, el gobierno federal debió recurrir a medidas extremas como la controversia constitucional contra esos gobiernos.

También, lo malo fue que el gobierno de Peña Nieto debió aceptar reformas nocivas para la democracia —como la reforma electoral—, que significan un serio retroceso para la división de poderes. ¿Por qué retroceso? Porque favorecieron la creación del feo y centralista INE; porque engañan a la sociedad con elecciones que serán más caras, ya que los partidos políticos recibirán en un año electoral más de mil millones de pesos adicionales, y porque el Consejo del INE es una grosera manipulación partidista.

Lo malo es que frente a la debilidad de los gobiernos municipales y estatales y ante la probada ineficacia de no pocos alcaldes y gobernadores de todos los partidos —y sobre todo ante la fuerza incontenible de las bandas del crimen organizado—, el gobierno federal debió recurrir a la suplantación de esos gobiernos. Y los mejores ejemplos son Michoacán y Tamaulipas.

LO FEO

Lo feo es que a pesar de todas las promesas de campaña del entonces candidato Peña Nieto, hoy los mexicanos no sienten una mejora en sus bolsillos. Y es que la economía no acaba de despegar, los empleos no aparecen —y menos los de calidad y bien pagados—, y la pobreza sigue lastimando a millones de mexicanos, en tanto la desigualdad sigue lacerando a millones.

Lo feo es que el presidente y su gabinete económico dicen que la ruta trazada es la correcta y que no cambiarán de estrategia, pero no han sido capaces de explicar de manera puntual por qué creen que esa es la mejor estrategia; por qué los mexicanos deben seguir creyendo, a pesar de los llamados presidenciales. Lo feo es que pareciera que el gobierno de Peña Nieto espera que los ciudadanos vean en la recuperación económica una suerte de acto de fe, un milagro o, de plano, la salvación divina.

Lo feo es que a pesar de que el PRD hace todo lo posible por tirar una de las reformas fundamentales para el crecimiento del país, como la energética, el gobierno sigue paralizado ante los intentos de los amarillos para que fracasen las reformas.

Lo feo es que el gobierno federal mantiene una política de comunicación social que todos los días es rebasada por la realidad y por el México bárbaro, mientras que los opositores al gobierno —PAN y PRD— parecen comprometidos a un pacto de no agresión con la administración de Peña Nieto.

Y es que salvo la campaña contra la reforma energética, el PRD de Jesús Zambrano no cuestiona ni con el pétalo de una rosa el fracaso económico del gobierno de Peña. Acaso porque la reforma fiscal fue un regalo del gobierno federal al partido amarillo. Y no se diga el PAN, que no alza la voz ni para espantar una mosca. Acaso porque el regalo para los azules fue la regresiva reforma político electoral.

LO MEJOR

Pero lo mejor es que apenas ha transcurrido 18 meses de un gobierno que aún tiene tres cuartos de su tiempo para corregir, cambiar estrategias, sustituir a jugadores lesionados, a aquellos que no están en forma o, de plano, a los que han fracasado.

Y también es bueno que los potenciales presidenciales para 2018 empiezan a decantarse en el PRI, en el PAN y en el PRD. Al tiempo.

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx