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A Javier Valdez

DIGNIDAD Y VALOR. El escritor y poeta cubano José Martí, en su revista La Edad de Oro, desde el siglo 19 escribió: “Un hombre que oculta lo que piensa o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado […] Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor […] Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres [...] Esos son los que se rebelan […] En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.
Javier Valdez era de ese pequeño grupo de personas que llevan en sus espaldas la dignidad, el decoro y la rebeldía que muchos no muestran. No ocultaba sus emociones, era directo, malhablado, irreverente; reprobaba la sumisión, corrupción e injusticia; rechazaba la hipocresía, la suciedad de la política, de los intereses del poder, y ante todo le indignaba la falta de decoro. 
Era un escritor valiente, un periodista arrojado, narrador excepcional, duro en la critica y a la vez sensible ante el dolor; lloraba sus historias y las padecía. Javier traía a cuestas el valor y la dignidad que a muchos falta, por eso duele más su partida, porque con él se va una parte de la dignidad humana, de nuestro estado y del país, se va su voz valiente y su pluma brillante y desafiante. 
Perdimos a uno de los mejores periodistas que ha dado Sinaloa, a un prolifero escritor, un hombre de arrestos, gran padre de familia, buen hijo y hermano, y sobre todo excelente ser humano. Es cierto que la verdad no se mata asesinando a periodistas, pero sí dejan huecos, quedan grandes vacíos, al perder y silenciar a voces y plumas tan excelentes y valientes.
Miroslava Breach, la corresponsal de La Jornada en Chihuahua, asesinada hace 50 días, era gran amiga de Javier Valdez. A él le dolió en el alma su crimen. El 27 de marzo salió a protestar y a exigir justicia, a condenar la violencia contra periodistas, pero nunca imaginó Javier, y mucho menos nosotros, que sería él quien seguiría en la lista negra de periodistas asesinados en este país.
Nos golpea su muerte, nos duele su partida, nos lastima la crueldad y la violencia que padecemos, y sobre todo nos indigna la impunidad e incapacidad del estado para frenar la inseguridad y castigar la delincuencia.

RECLAMO DE JUSTICIA. “Nadie es profeta en su tierra”, solía decir Javier Valdez, porque cada vez más sus libros y sus artículos en Ríodoce le hacían ganar reconocimientos nacionales e internacionales, y él no sentía la solidaridad y el reconocimiento del gremio en la entidad. Sin embargo —y lamento que él ya no esté para presenciarlo—, su crimen movió conciencias, unió voluntades, juntó voces y sumó exigencias. 
En Sinaloa hay indignación y exigencia del gremio por que se esclarezca su caso; a nivel nacional hay voces desde varios rincones que exigen castigo y reclaman justicia, y a nivel internacional, como nunca en la historia reciente ante el crimen de un periodista, desde varios lugares del mundo, incluyendo pronunciamientos de jefes de Estado, se han alzado voces exigiendo justicia por Javier Valdez, reconociendo el valor y la trascendencia de su trabajo.

POST MORTEM. Ya no estás, Javier, pero has hecho historia. Sacudiste al mundo, movilizaste al gremio, avergonzaste a los gobiernos, lograste tu encomienda. Hasta siempre, amigo.