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A cuestas con el idioma

POLITEIA

Quienes tenemos la responsabilidad de sostener una conversación con nuestros lectores, oyentes o televidentes, estamos obligados a un uso más o menos limpio del lenguaje. Esto no quiere decir que no cometamos errores, sino que debemos preocuparnos porque el idioma de Cervantes --sin llegar a los excesos de la RAE o las academias latinoamericanas, ni seguir a pie juntillas la propuesta garciamarquiana de jubilar la ortografía--, nos permita seguir entendiéndonos y saber de qué hablamos cuando hablamos.

No soy de los que defiende el purismo del idioma, ¡sálveme Dios! Yo mismo cometo con más frecuencia de la debida errores de librito, y los advierto de vez en cuando en compañeros de páginas, en otros diarios, en televisoras y estaciones de radio con conductores de programas que "hablan con muchas faltas de ortografía". Puede pasar, creo, en empresas y negocios, pero no debería ocurrir en medios vinculados a la extensión y difusión de la cultura.

¿A qué viene esto? Por lo siguiente: me gusta escuchar los informativos matutinos y sus espacios de opinión. Antier escuchaba uno en el que se abordaba el tema del bullying, que ocupa en estos días un lugar central en la agenda pública, y que como muy bien dijo el conductor, se identifica con lo que antes conocimos como "carrilla".

Uno de los participantes en el programa observó que hubo que esperar a que llegara un anglicanismo para que pusiéramos atención al tema. Dije: bueno, pasa, es un error. Pero nada. Casi a continuación suelta la expresión "engolosada", y alcé la ceja, pensando: ahora sí se está pasando cuatro pueblos. Remató su afortunadamente breve intervención confundiendo albazo con guayabazo, al referirse a un madruguete en la aprobación de una disposición legislativa.

Todo esto, insisto, en una intervención muy breve. Me produjo cierta incomodidad, y en la primera oportunidad me puse a buscar el significado de esas palabras que me chirriaban al oído. Sobre anglicanismo no había duda. Pero, ¿engolosada? ¿Guayabazo? Pensé que la RAE ya se me había adelantado demasiado, y no tenía tampoco posibilidad de acudir a María Moliner para las aclaraciones pertinentes.

Anglicanismo tiene que ver con todo lo relativo a la iglesia inglesa, en tanto que anglicismo hace referencia a palabras o expresiones de lengua inglesa y que traemos a nuestro idioma. Por tanto, nada que ver una cosa con la otra. Engolosada es una expresión inexistente. Existe la palabra engolada, que, relativa al habla, en una de sus acepciones significa, afectación grave, impostura, fatuidad o engreimiento. Otra palabra es egolosinada, que no necesita mayor explicación, y que es de uso corriente.

Por la tarde, en la misma estación, escucho a una persona que se supone con experiencia en medios utilizar la expresión hóstil –así como está escrita, con acento en la o–, y casi de inmediato repetirla, lo que ya me pareció un atentado al idioma desde lo que se supone es una trinchera de la cultura. Hóstil, así, con acento, no existe. La palabra es hostil, así, sin acento, y significa una actitud agresiva hacia una persona normalmente sin motivo alguna.

Insisto: no es que sea tiquismiquis sobre estos temas. Más bien soy crítico, pero sin dejar de asumir una posición autocrítica. Creo que la lengua de Cervantes merece respeto. Los lectores, los oyentes y los televidentes también.

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