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A más producción, más caro

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

La tortilla evidentemente es uno de los básicos de los mexicanos, pero solo como complemento de la dieta diaria, aunque habría que decir que para muchos segmentos en extrema pobreza, se convierte, junto con los frijoles, en el alimento más importante y, quizá, de los menos caros.

En Sinaloa, no por ser un estado altamente productor y, según los expertos en cuestiones económicas, con capacidad adquisitiva sobre la media de otras entidades, el precio de la tortilla no puede considerarse barato.

Contrario a los principios que rigen la economía, el hecho de que nuestro estado produzca altos volúmenes de maíz, materia prima de la tortilla, no incide a favor de los precios de ese alimento.

De hecho, en los últimos ocho años la cotización del producto de importante demanda ha sufrido aumentos por el orden del 100 por ciento, cuando, si las leyes de la economía funcionaran adecuadamente, la reducción sería un resultado positivo o, por esperar lo menos, se mantuvieran estáticos.

Es decir, la economía en este país funciona al revés, pues a pesar de que en los mercados nacionales e internacionales el precio del maíz tiende a la baja, su derivado alimenticio, como lo es la tortilla, sus precios no ceden, convirtiéndose en un factor más del encarecimiento de la vida para millones de mexicanos.

En otra arista del precio de la tortilla, habría que reconocer que de alguna manera se han contenido los aumentos para ese artículo, mas no por efectos de la caída de la cotización del maíz, sino por el sacrificio de quienes elaboran el producto para hacerlo llegar al consumidor.

Los altos costos de producción que enfrentan, consecuencia de la constante elevación de los insumos que utilizan, por un lado, y por otro, la voracidad de los intermediarios que hacen llegar a precios muy altos a los industriales, hace que los tortilleros difícilmente tengan utilidades razonables, precisamente por lo que les cuesta fabricar el artículo.

En tanto acopiadores y empresarios se llenan los bolsillos a costillas de estos pequeños comerciantes y, desde luego, de los que no tienen otra opción para complementar su alimentación.