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Opinión

A medio siglo de Avándaro: expresión de las juventudes

FARAFARA

Por Jorge Guadalupe Pacheco

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Hacia finales de la década del sesenta, dos modelos socioculturales ya estaban perfectamente instalados en la sociedad mexicana: el del hippie, con su discurso del abandono material, y el del ejecutivo, varón exitoso que se preciaba de ser el agente dinámico que había acumulado capital de conocimiento y que estaba ya preparado para emprender sus ideas. 

Al llegar la década de los sesenta, el joven airado de la década anterior, atormentado en sus propias confusiones por su paso a la madurez, prepararía el camino a una nueva generación dispuesta a enfrentarse a todo símbolo de autoridad y echarse a la calle para mostrar su contrapoder. Sería la primera revolución juvenil de la historia.

Las nuevas costumbres juveniles librarían un combate abierto contra el poder político imperante y los convencionalismos del orden moral burgués. Un movimiento que ya no encabezarían los desheredados de la fortuna, sino los hijos privilegiados de las clases medias y los obreros ilustrados, tras un siglo de escuelas públicas. Sin duda, el efecto de la otra gran revolución, la francesa de 1789. 

La década de los sesenta y setenta fueron tiempos de cambios, utopías, revoluciones en las expresiones artísticas, intelectuales, signaron el comienzo de un futuro insurrecto, orientados en plasmar mensajes colectivos de unidad, hacia causas de libertad en los pensamientos, consistió en iniciar una transformación de cambio de la cultura del silencio hacia una libertad del pensamiento en las ideas sociales y políticas de la estética del arte. Sin duda, fue una época de gran efervescencia y creatividad, los jóvenes manifestaron su rebeldía en los libros, las revistas, las películas, canciones y en los diseños de moda. 

El 11 y 12 de septiembre de 1971, a cincuenta años del Festival de Rock Avándaro en Valle de Bravo, representa un hito en la historia de las expresiones culturales de México, fue sin duda una congregación de más de doscientos cincuenta mil jóvenes inspirados en un movimiento, en una voz, la cual reflejaba la libertad y la unidad a partir de un género musical que expresaba el sentir de libertad de las juventudes.  

“Encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, mugre, pelos, sangre”, se leía en un periódico mexicano en septiembre de 1971. La larga enumeración de descalificativos iba dirigida contra el Rock y Ruedas de Avándaro. El primer festival multitudinario de este género que se celebraba en el país, acabó siendo una enorme explosión de juventud que escandalizó a la prensa más conservadora del momento.

Aquel festival, organizado por el empresario y productor Luis de Llano Macedo escandalizó a la liga de las buenas costumbres de México, a diversos empresarios de televisión y radio, tan así que las cintas de grabación de los conciertos desaparecieron y solo quedó un acervo fotográfico. Luis de Llano busca reivindicar el hecho histórico como parte de un evento trascendente que representó la expresión de libertad de las juventudes y una revolución en la cultura de masas.

La visión de los organizadores de Avándaro era realizar una carrera automovilística, con un concierto de rock, sin embargo, una inesperada multitud acabó por convertir el evento en un mítico festival.

“En Avándaro me encontré con una realidad de mi país que no conocía y que me gustó mucho. Fue muy exagerado todo lo que se dijo. No hubo ni sexo ni drogas. Se fumaba mota (marihuana), eso sí, y alguien tendría sexo, pero no lo veías. Eso fue todo”, cuenta Iturbide (Ciudad de México, 1942).

Se calcula por las publicaciones de la prensa en la época, que asistieron entre doscientos y trescientos mil jóvenes. Una cifra inimaginable que desbordó a la organización y la obligó a permitir la entrada libre a los conciertos. Pero a este éxtasis de rock, con el que el género demostraba tener fuerza en México, le siguió casi una década de silencio.

El rock rozó por un instante el paraíso, marcó una nueva etapa en el consumo musical de México, el bolero, la música tradicional, compositores como Agustín Lara fueron desplazados en el gusto popular, la música siguió sonando pero lo hizo “en viejos cines, radio y televisión, sin embargo, el rock fue una expresión en que se interpretaba en lugares insalubres y muy sórdidos.

La búsqueda de la ruptura con el orden establecido, lo autoritario, lo patriarcal, lo moralmente cerrado y del todo castrante, es un referente de las expresiones de las juventudes, un modelo de expresión cultural de expresión y de búsquedas permanente de identidades en nuestro tiempo. 

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