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Opinión

AMLO y el Ejército: ignorancia, resentimiento o simple desdén

INDICADOR POLÍTICO

Por: Carlos Ramírez

A Pablo Marentes y a la memoria
de su hijo asesinado de manera vil

A pesar de que a partir del 1 de diciembre será formalmente el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente electo López Obrador aún no ha entendido lo obvio: el mando civil siempre ha estado por encima del militar, sin necesidad de regaños, humillaciones y menosprecios.

El anuncio de López Obrador en redes en el sentido de que va a reinstalar a un mando de la Fuerza Aérea que supuestamente fue castigado por entregarle información militar al equipo del presidente electo encargado del nuevo aeropuerto ha causado estragos al interior de las Fuerzas Armadas. Y no porque se sientan intocables, sino porque el próximo mandatario violentó la ley de disciplina militar.

La nueva fricción innecesaria entre López Obrador y los mandos militares ocurrió en el contexto de una ofensiva de los aliados anti militares de la coalición lopezobradorista y de los grupos de Morena que usaron los cincuenta años del 68 estudiantil para golpear al Ejército y no a los mandos civiles que dieron las órdenes de participación castrense.

En un mensaje en redes, López Obrador reveló que un mando de la Fuerza Aérea había compartido información sobre la Base Aérea Militar de Santa Lucía con el civil Javier Jiménez Espriú, sin cargo oficial en el gobierno y apenas secretario designado del próximo gabinete de gobierno. En su mensaje, el presidente electo le “ofreció” al general “cesado injustamente” que lo reinstalaría en su cargo. El asunto puede enredarse porque fuentes militares dicen que el general Manuel Enrique Vallín estaba en situación de retiro por edad.

Lo grave del asunto tiene dos aristas:

De una parte, los mandos en las Fuerzas Armadas se rigen por la Ley de Disciplina Militar y por el Código de Justicia Militar. Las reglas son estrictas porque las Fuerzas Armadas son las responsables de la soberanía exterior e interior de México y por el manejo de información delicada que tiene que ver con la capacidad de fuerza castrense. Y en ambos reglamentos se establece el delito militar de filtrar información fuera de los espacios estrictos militares.

De otra parte, el gobierno civil y menos aún políticos que carecen de intervención formal regulada en asuntos militares pueden reinstalar por orden directa a ningún mando castrense, si no pasa antes por los procedimientos de juicios establecidos en las leyes militares.

López Obrador aceptó que un militar en funciones le había entregado información militar a un civil sin representación legal formal para tener ventajas en el debate sobre la instalación del nuevo aeropuerto. La información tenía que ver con la Base Militar de Santa Lucía, una instalación que se rige bajo estrictas medidas de seguridad militar. En un juicio militar hubiera podido hablarse inclusive de traición a las normas militares, porque de la misma manera el señalado hubiera podido entregar información militar a otras instancias no autorizadas, nacionales y extranjeras.

Al airear el asunto en redes sociales, López Obrador socializó un incidente que debió de haber sido dirimido por los estrictos cauces de la justicia militar; en consecuencia, López Obrador volvió a meter a las Fuerzas Armadas en litigios judiciales en tribunales civiles mediáticos. El asunto tendrá un efecto mayor porque López Obrador será el 1 de diciembre el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y por tanto habrá de regirse en función de las leyes militares vigentes, con todo el derecho de cambiarlas con la mayoría absoluta de Morena en el Congreso.

La moral de las Fuerzas Armadas depende del apoyo ciudadano hasta ahora latente y sólido y del respeto institucional de los mandos civiles. A lo largo de la campaña López Obrador hizo graves acusaciones a las fuerzas militares, cuestionó su eficacia en la lucha contra la inseguridad interior, las acusó de violentar los derechos humanos y llegó al punto de decir que “no sirven”. Ya como presidente electo y luego de una charla privada con el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, López Obrador anunció que las Fuerzas Armadas continuarían en seguridad interior por el fracaso policiaco.

Los comportamientos de López Obrador hacia las Fuerzas Armadas aún no se aclaran: ¿resentimiento civil, ignorancia de su importante papel en la estabilidad nacional o presión del ala anarquista de Morena? Lo único cierto es que López Obrador será el comandante supremo de las

Fuerzas Armadas que hoy ofende en su credibilidad.

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