Opinión

Falta gobernabilidad

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.(Foto: Reforma)

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. | Foto: Reforma

El deterioro no tiene límites. Menos aún cuando no se hace nada por detenerlo. México está inmerso en problemas de enorme magnitud. Lo preocupante es que no se atienden. No se actúa en contra de ellos. No hay quién tome decisiones. Debido a ello, lejos de solucionarse los problemas existentes, se están incubando otros adicionales. Y nadie está exento de sus graves consecuencias.

La crisis económica arrasa con todas las regiones y sectores productivos. La pérdida de empleos, de empresas y de inversiones, es muy preocupante. Tendrán que pasar varios años para poder recuperar lo que hoy se ha perdido. Aunado a ello, la inseguridad pública ha roto los índices delictivos. La violencia desatada aniquiló la paz social, y crece la angustia entre las familias.

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La pandemia del coronavirus no tiene para cuándo controlarse. Este problema se ha enfrentado con falta de responsabilidad. Casi 50 mil fallecimientos así lo confirman. Además de ello, la austeridad extrema que practica el Gobierno federal alcanza proporciones absurdas. Prácticamente todo el sector público se encuentra paralizado. No se hace nada y ningún programa de Gobierno funciona bien.

A lo anterior, habría que sumar la inminencia de una crisis financiera. Esta ocurrirá cuando las empresas internacionales evaluadoras de riesgos determinen que los bonos de Pemex y los del propio Gobierno mexicano han perdido su grado de inversión. Es decir, se convierten en bonos basura y ahuyentan a los inversionistas financieros.

Este problema financiero es detonado por Pemex y la CFE. Ambas instituciones están perdiendo enormes cantidades de dinero, y sus déficits son cubiertos por el Gobierno federal. Esto es insostenible. Pemex, y todo el sector energético nacional, se han convertido en el verdadero peligro para México. Esta situación profundiza la crisis económica. 

Pero el futuro inmediato de México vislumbra un problema que es adicional a todos los anteriores: la crisis política. Esta viene con el proceso electoral 2021, mismo que será conflictivo y muy cuestionado. Algo que creíamos haber superado. Sin embargo, todo indica que la falta de acuerdos y de civilidad serán causa de muchos conflictos políticos.

El problema de fondo es que se perdió capacidad de gobierno. Existe un poder político muy legitimado, pero no hay quién tome decisiones de Estado. Las instituciones públicas están debilitadas y sin dinero para funcionar. Además, existe una amplia brecha entre los intereses sociales y los intereses oficiales. Por eso se está cayendo en la ingobernabilidad. 

Cuando se evaden responsabilidades de gobierno, la cohesión social se fractura, se inhibe el crecimiento económico y se multiplican los problemas. Por eso, quien dirige un país tiene la obligación de tomar mejores decisiones para impulsar desarrollo económico, social y político. No hacerlo, genera ingobernabilidad. Lamentablemente, México avanza hacia esta situación.

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