Opinión

Gobernar desde el centro

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

Cuando un gobernante está por debajo del 50 por ciento en su índice de aprobación, es porque funcionalmente ha perdido el control de su cargo. De acuerdo con la evaluación semanal de Consulta Mitofsky, el presidente Andrés Manuel López Obrador actualmente se encuentra en 55 puntos porcentuales. Algo relevante deberá hacer para contrarrestar la caída.

No es recomendable gobernar en función de las encuestas, pues se pierde el control sobre lo cotidiano. Pero tampoco se deben ignorar las encuestas, porque se corre el riesgo de perder el mandato. Y este es el riesgo que ahora se tiene. Por ello, es fundamental escuchar la opinión de la ciudadanía, y las encuestas traducen esas opiniones para que quien gobierna las pueda entender.

Hay que reconocer que un político necesita el apoyo de la gente, no solo para ganar elecciones, sino también lo requiere para gobernar. Para poder conservar una mayoría permanente, el gobernante necesita generar resultados muy concretos y explicar debidamente a la ciudadanía el porqué de cada una de sus acciones. Pero no hay resultados. Tampoco explicaciones. 

Es poco relevante el tipo de personalidad de quien gobierna, y también si su agenda de trabajo es intensa o tranquila. Lo importante es que tenga el pulso del momento que se vive, para actuar en consecuencia. Pero la clave de todo radica en siempre tratar de generar consensos para que exista gobernabilidad y tener condiciones para cumplir con las metas de largo alcance.

Las encuestas hoy señalan que el presidente López Obrador está perdiendo aprobación. En eventos públicos recibe fuertes reclamos y empiezan a ser más frecuentes las rechiflas. Estas manifestaciones no tienen nada que ver con el neoliberalismo ni con el conservadurismo.

Simplemente es la reacción de quienes no están de acuerdo con lo que se está haciendo desde el Gobierno.

Aún se está a tiempo de hacer las cosas de mejor manera, y para tratar de cohesionar a la población en torno a un nuevo proyecto de país. Es necesario evitar el fracaso, porque de sus dañinas consecuencias nadie se salva. Ninguna persona, ninguna familia, ninguna empresa, ninguna región, nadie, absolutamente nadie, quedaría al margen del deterioro.

Un presidente no tiene sustituto, y su fracaso en el Gobierno no es útil para ninguna causa. A nadie conviene que eso ocurra. El país pierde en su conjunto, y tardaría décadas en volver a levantarse.

Pero tampoco puede gobernar asumiendo solo posturas partidistas o ideológicas. Tiene que gobernar para todos, no solo para quienes le son afines.

Un presidente responsable debe gobernar desde el centro. Solo así podrá resistir la presión de grupos de poder. Gobernar no es un asunto de izquierda ni de derecha, sino de generar los consensos necesarios para garantizar la gobernabilidad. Solo desde el centro político se puede convocar y unificar a la población para impulsar la transformación del país.

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