Opinión

Gobierno pobre, pobre Gobierno

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

Ex titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Carlos Urzúa(Foto: Cuartoscuro)

Ex titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Carlos Urzúa | Foto: Cuartoscuro

La austeridad extrema está afectando fuertemente al Gobierno de la 4T y a la población entera. La administración pública federal está paralizada. La falta de recursos, su funcionamiento y brindar los servicios que la población requiere. Diversos programas gubernamentales se suspendieron. Los edificios, oficinas y mobiliario presentan un marcado deterioro.

Servidores públicos están sin actividad. No pueden trabajar porque carecen de lo indispensable. No hay papelería, gasolina, viáticos e, incluso, el agua y la energía eléctrica están racionadas. El Gobierno no funciona porque no tiene dinero. En consecuencia, la administración pública y los sistemas de salud, educativo y cultural viven ahora su peor momento de deterioro.

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Desde el Gobierno mismo se está actuando con insensatez. Ante el desespero de no saber qué hacer frente la complejidad de los problemas, han tomado decisiones contrarias a la función pública y al interés de la población. Debilitar la capacidad operativa y las funciones del Gobierno, resulta contraproducente y socialmente bastante negativo. Así se cavan las tumbas políticas.

Primero se ordenó la reducción en el sueldo de funcionarios, propiciando una enorme fuga de personal técnico y bien capacitado. Posteriormente, se disminuyó en 75 % el gasto corriente de todas las dependencias federales, lo cual prácticamente paralizó la administración pública. Y recientemente, se eliminó el 75 % de las computadoras utilizadas por servidores públicos.

En entrevista al diario español El País, el exsecretario de Hacienda Carlos Urzúa señaló que el principal problema que ahora enfrenta el Gobierno mexicano es que no tiene dinero. La recaudación tributaria es de 14 %, cuando debería ser superior a 20 %. Por eso ha disminuido fuertemente la inversión pública, y se eliminaron dependencias y programas gubernamentales.

Además, la pérdida de confianza en el Gobierno alejó las inversiones privada nacional y extranjera. Por eso, la recaudación sigue disminuyendo. Ante este escenario, se optó por asfixiar a la administración pública federal. Héctor Aguilar Camín se refirió a esta trágica situación llamándola “austericidio”. Si, la austeridad hace que el propio Gobierno se suicide.

Ahora también se puede afirmar que un Gobierno pobre, es un pobre Gobierno, y México tiene un pobre Gobierno. No solo perdió capacidades institucionales, sino que también enfrenta un acelerado deterioro en todos sus ámbitos de acción. No se hace nada por falta de recursos. Solo se pagan magros sueldos a quienes carecen de la posibilidad de trabajar. 

Así se gobierna hoy en México: el Gobierno atenta en contra de sí mismo y de sus capacidades, aunque también se dañe al país. Ello explica el fracaso existente en el manejo de la economía, la seguridad pública y en el combate a la pandemia. En todos los frentes, existe una preocupante falta de resultados de Gobierno. Algo anda muy mal.

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