Opinión

No dar por buena nuestra democracia

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

México es una nación que siempre ha querido cambiar su realidad haciendo cambios en la Constitución. Existe la costumbre jurídica de generar leyes que incorporan derechos sociales que nunca podrán ser cumplidos. En el fondo, los mexicanos no tenemos una verdadera obligación de cumplir y hacer cumplir la ley.

Estos son los conceptos contenidos en el libro Nocturno de la democracia mexicana, de Héctor Aguilar Camín. El texto incluye una serie de ensayos sobre la historia y las costumbres políticas mexicanas. Parte de los principios que fueron dando forma a la nación y cómo a lo largo del tiempo se fueron moldeando las pautas de comportamiento que hoy tenemos.

Hemos sido inferiores a lo que siempre soñamos ser, afirma Aguilar Camín. El nacionalismo que cohesionó a la población mexicana, también le cerró los ojos y lo llenó de mentiras. Por ello, la historia de México es la historia de un conjunto de mentiras fundadoras. Hoy la cuenta de las equivocaciones es más larga que la cuenta de los aciertos.

Después de hacer un amplio recorrido por la historia nacional, Nocturno de la democracia mexicana analiza la formación de Gobiernos en cada etapa. Concluye que México es una democracia sin demócratas. En lugar de haber creado un verdadero sistema de leyes, lo que se creó fue un sistema de partidos políticos y un régimen ciudadano de baja intensidad.

Tenemos Gobiernos democráticos y legítimos, pero también Gobiernos irresponsables, ineficaces y corruptos. No cobran impuestos ni saben aplicar la ley. La riqueza generada por la economía solo multiplica la desigualdad. Así fue en la Independencia, la Reforma, la Revolución, y se intensifica en la etapa actual. Hoy tenemos una nación de muchos principios y de pocos escrúpulos.

Afirma Aguilar Camín que los Gobiernos son los responsables, pero también las oposiciones y los otros poderes. Igualmente, se debe al silencio cómplice de la opinión pública y de los medios, de las empresas y de los empresarios. Responsabiliza también a la baja calidad de las escuelas, las iglesias y de la vida intelectual, y a la poca convicción cívica de la sociedad.

Debido a ello, hoy tenemos un Estado que oscila entre la ineficacia y la insolvencia. Los políticos enriquecen la vida pública con sus conflictos y sus diferencias, pero no son capaces de enriquecerla con sus acuerdos. No han sabido utilizar la pluralidad política para construir espacios de acuerdo desde donde gobernar.

Hoy tenemos políticos que sí pueden gobernar el país, pero no tienen capacidad para transformarlo y modernizarlo. Existe una parálisis institucional y una sociedad acostumbrada a recibir dádivas y subsidios. Incluso, el Gobierno actual de Morena solo disfruta una especie de fiebre del oro. AMLO vive una utopía regresiva: quiere volver al Estado rector que había antes de 1982. Por eso, urge no dar por buena nuestra democracia, concluye Aguilar Camín.