Opinión

País en tiempos complejos

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

México no vive precisamente su mejor momento. Se están modificando muchas cosas, pero crece la incertidumbre ante lo que esté por venir. Se sepultó a la economía neoliberal, sin dejar claro qué lo sustituye. Constantemente se reitera que está en marcha un cambio de régimen, pero aún no se logra ni siquiera pergeñar el perfil del nuevo sistema. No hay ruta: solo caos y desorden.

Los tiempos son complejos. Se ha configurado un nuevo mapa político, pero la economía permanece en total indefinición. Los programas gubernamentales parecen ver hacia el pasado. Existe fuerte nostalgia por volver a ser lo que un día fuimos. Pero nadie piensa en el futuro. El propósito de modernización nacional fue expulsado del discurso oficial.

¿Hacia dónde va la economía nacional? No está claro el camino, tampoco el itinerario a seguir. Los pronósticos sobre el crecimiento económico van a la baja. La actividad económica regional está prácticamente paralizada. Las inversiones privada, nacional y extranjera están a la espera de definiciones o de nuevos tiempos. En tanto, cae la actividad productiva.

El único motor que hoy sostiene a la economía son el gasto y la escasa inversión pública. Pero no es suficiente para estimular el crecimiento en los sectores productivos. Es positivo que el Gobierno haya dejado de promover exclusivamente los mercados externos. Qué bueno que volvió la mirada hacia el mercado interno. Pero poco o nada ha hecho para reactivar a la economía regional y sectorial. Todo es inercia.

Tampoco se protege el Estado de derecho. Bajo el argumento de favorecer la justicia, se violentan leyes que son fundamentales para la convivencia social, para la confianza en las instituciones, y base insustituible para la inversión y el crecimiento. El Estado de derecho se ha erosionado peligrosamente, y ya constituye una amenaza para la economía.

La existencia del federalismo también está en entredicho. Se multiplican las acciones de centralización en los más diversos ámbitos. En educación, salud, finanzas, economía, administración, seguridad pública, entre muchos otros temas, todo se decide de manera centralizada. Los Gobiernos estatales y municipales constantemente pierden funciones y atribuciones. 

La pluralidad política también se ha vuelto incómoda. Volvió la vieja figura del partido mayoritario, oficial, omnipresente y que controla los órganos de Gobierno. La democracia ya no gusta, no es conveniente. El respeto a las nuevas minorías tampoco. La mano alzada en la plaza pública sustituye cualquier otra forma de representación política.

Por ello, México vive tiempos complejos. Enfrenta disyuntivas que debe resolver. Y no parece existir ni la sabiduría suficiente, ni la visión de Estado que se requiere para resolver las encrucijadas que aparecen en el horizonte inmediato. Son momentos decisivos en los cuales existe una ciudadanía permisible, apática y, quizá, hasta indiferente.