Opinión

Dar prioridad a la salud

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

¿Salud o economía? En medio de la compleja circunstancia que ahora vive el país, se ha suscitado una discusión respecto a qué es más importante y cuál debe ser la prioridad en estos momentos. Para hacer frente a la pandemia del coronavirus, se pide a la población que se aísle y que no salga de casa. Pero tal situación está trayendo repercusiones económicas muy negativas.

A la crisis del coronavirus se le suma también la crisis de la economía. Pero, ¿cuál de las dos es más peligrosa? Se argumenta que el cierre de empresas, la pérdida de empleos y la falta de ingresos harán mucho más difícil superar el problema de salud pública. Cada vez se escuchan más voces señalando que la economía no debe paralizarse.

Sin embargo, uno de los personajes más ricos del mundo, Bill Gates, señala con contundencia: “la economía ya no debe importarnos, lo que debe importar es la vida”. Con este argumento, se exige a las autoridades que suspendan el cobro de servicios públicos y rediseñen su presupuesto para garantizar un mínimo de ingresos a la población y fortalecer los servicios de salud pública.

Pero en el caso de México, parece que la salud no es prioridad. Los estudios técnicos indican que la fase más crítica del coronavirus aún está por venir, pero el sistema de salud es un desastre. El propio presidente expresó que había recursos suficientes para la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, el aeropuerto en Santa Lucía y para otros programas de discutible prioridad. Pero no hay para salud.

A los hospitales públicos se les bajó el presupuesto y hoy tienen fuerte deterioro en su infraestructura, hay carencia de equipos, de materiales, insumos y de protección sanitaria para los propios médicos. Los trabajadores de la salud tienen bajos sueldos, les han quitado prestaciones y laboran en medio de la incertidumbre. Carecen de motivación y de liderazgo.

El Gobierno federal parece no darse cuenta de la verdadera dimensión del problema de salud. En otros países se están destinando enormes cantidades de recursos para hacer frente al coronavirus, pero solo hay conferencias de prensa, estampitas y llamados a lavarse las manos. Es obvio que hoy no están a cargo de la grave situación.

Por su parte, los gobernadores tienen la ilusoria esperanza de que desde la Federación vendrán a solucionar el problema. Pero no deben esperar nada. Al contrario, tienen que asumir el liderazgo y tomar sus propias decisiones. Habrá que promover la cooperación entre la gente, para enfrentar el enorme problema que ya se avecina.

México tendrá que decretar una emergencia nacional. En una situación como esta, el presupuesto gubernamental debe utilizarse para aprovisionar hospitales y asegurar los medicamentos necesarios. No hay que esperar a que los abuelos empiecen a morir masivamente. Tampoco a que el personal médico esté obligado a abandonar sus puestos, ante el elevado riesgo de exponer su propia vida.

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