Opinión

Rumbo a la sucesión

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

¿Cómo será la próxima sucesión gubernamental en Sinaloa? Aunque es muy prematuro en términos de fechas formales, la sucesión ya es un proceso abierto. De hecho, dados los elevados niveles de competitividad electoral y de incertidumbre respecto a los resultados, hoy es más recomendable que los proyectos sucesorios empiecen a fraguarse con suficiente anticipación.

Existen al menos tres opciones para transitar de una administración de Gobierno a otra. La primera ocurre entre grupos de un mismo partido. La liturgia establece que la máxima responsabilidad de un gobernante consiste en entregar el poder político a un compañero de partido. Pero cada vez es más difícil garantizar la vigencia de este mecanismo.

La segunda opción es cuando se presenta la alternancia de partidos. Es decir, el partido en el Gobierno entrega el poder a un representante de un partido distinto al propio. Frecuentemente este tipo de relevo es de personas y no necesariamente de políticas de Gobierno. Existen matices naturales en la forma de ejercer el poder, pero en su esencia no hay cambios de fondo.

La tercera posibilidad ocurre cuando una alianza de partidos opositores desplaza al partido en el gobierno. Esta es la forma de sucesión que tiene mayor vigencia en la actualidad. Se cambian radicalmente las formas de gobierno y se inicia la construcción de un régimen diferente al anterior. De hecho, existe un rompimiento entre el nuevo grupo en el poder y el anterior.

Sin embargo, la sucesión en Sinaloa apenas se encuentra en su primera etapa. En ella, los partidos políticos empiezan a promover a sus respectivos prospectos. Los aspirantes hacen contacto directo con los diversos grupos al interior se su partido. Abundan las reuniones pequeñas e inician la promoción a través de los medios masivos.

La siguiente etapa es cuando lo partidos comienzan a perfilar posibles alianzas electorales con otros partidos y con grupos sociales. En esta etapa ya empiezan a decantarse aquellos que realmente tienen posibilidades de convertirse en candidatos competitivos. Las negociaciones políticas se intensifican y se hacen los preparativos de la estrategia para la campaña electoral.

Es hasta ese momento cuando empieza a tomar forma la sucesión gubernamental. Los candidatos están definidos, los grupos de apoyo también y la estrategia electoral se pone en marcha. Partidos y candidatos participan en la lucha por la sucesión, plenamente conscientes de que en política no existen honrosos segundos lugares, ni victorias simbólicas.

La contienda es a vencer o morir. No hay término medio. Pero los aspectos que definen el poder nunca son suficientes para indicar quién ganará las elecciones. En todo momento hay que estar a la defensiva, sumar aliados y realizar maniobras de precisión. Hay que tener presente que el camino de la sucesión no es una línea recta, sino una vereda sinuosa, oscura y llena de peligros.