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Abyectos

GUASAVE
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Por: Moisés García

Guasave.- "El error de redacción", intencionalidad dolosa, ignorancia, descuido o como guste llamarle al elaborar la reforma, particularmente del 51-Bis de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de Justicia, tuvo, como lo admitió el gobernador, en detrimento de su imagen pública, la virtud de unir a un gremio, cuyos miembros, los periodistas, dada su calidad de pensantes y naturaleza crítica poseen una alta capacidad de disensión.

Al venírsele el mundo encima y en medio de la avalancha de protestas que hizo "ganar la calle" a reporteros, directivos y hasta empleados de distintas áreas de las empresas editoriales, el gobierno estatal asume una postura demócrata y sensata, y aunque habría que decir presionado por la opinión pública, anuncia dará marcha atrás a su pretendida embestida a las tareas de la prensa.

En los casi cuatro años que lleva corridos el actual sexenio, es la primera vez que el mandatario Mario López Valdez recula en una decisión tomada a ultranza.

Y mire que las ha habido muy malas acciones en perjuicio del buen gobierno y en contra de la sociedad, que permanecen y hasta se continúan realizando, no obstante que la gran mayoría de esas malhadadas operaciones políticas, sociales y económicas han sido severamente cuestionadas.

Qué bueno y se saluda con beneplácito el reconocimiento a la equivocación que sin embargo no son suficiente para calmar los ánimos de los periodistas, hasta que no sea revocada oficialmente como lo tienen prometido.

Que también sirva de lección al Poder Ejecutivo para que se quite la venda y se dé cuenta que no es una institución absoluta; que su autoritarismo puede tener límites, que sus excesos igual pueden ser combatidos con la fuerza de la razón y que no porque los sinaloenses pusieron en sus manos la dirección del gobierno, eso los faculta para ejercer arbitrariamente la razón de la fuerza.

Con ser eso muy grave, -en vías aún de rectificación-, no es lo peor, porque en medio de este affaire provocado de origen por el gobierno del estado, el fondo del problema radica en el envilecimiento de la función legislativa.

Sin chistar los diputados aprueban una iniciativa que se convierte en una espada de Damocles para pender sobre el pescuezo de la sociedad a la que juraron representar y defender con dignidad e independencia.

Cuando creíamos ya se había visto todo en actitudes de sometimiento de los congresistas ante el Poder Ejecutivo, resulta que no; que la actual legislatura encabezada por el priista Jesús Enrique Hernández Chávez ha llevado al extremo de la abyección su tarea primaria de servir de contrapeso a las conductas autócratas y represoras del gobierno.

Lo más lastimoso de todo esto es que con sus actitudes de servilismo lacayuno han hecho cera y pabilo del poco prestigio y credibilidad que todavía le quedaba a la institución.

Ellos, los diputados qué, se van con el estigma de burros, ratas y borregos, epítetos que quizá no los incomoda a sabiendas que se los merecen, pero ¿y la institución, la que permanece y dejan toda destartalada, desecha y envuelta en el más vergonzoso de los desprestigios y deshonor, con el que jamás Congreso local alguno había quedado marcado?

Es la herencia maldita de los peores grupos parlamentarios que recuerde la historia política de Sinaloa.